Ricardo Ávila

Más papista que el Papa

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 24 de 2014
2014-02-24 05:35 a.m.
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La presente semana debería tener lugar un nuevo hito en el proceso de venta de acciones que la Nación posee en Isagen. Una vez surtida la primera etapa de la negociación, que comprendió una oferta al sector solidario y de trabajadores -quienes mostraron muy poco interés en comprar una participación llamativa en la empresa- ahora debería conocerse el reglamento para el segundo tramo. La expectativa es que cuando se conozcan las reglas de juego, los interesados destapen sus cartas y se creen las condiciones para que exista una puja y se pueda maximizar el valor de la operación.

La importancia de tener éxito es bien sabida. En la medida en que el Ministerio de Hacienda consiga los casi cinco billones de pesos a los que aspira, tendrá como apalancar a través de la Financiera de Desarrollo Nacional, parte de la financiación del ambicioso programa de construcción de vías de cuarta generación. Este conjunto de obras, que debería comenzar a adjudicarse de manera gradual en las próximas semanas, demandará recursos por cerca de 50 billones de pesos, y es clave para que el país aumente su tasa de crecimiento, pero sobre todo para que rompa el cuello de botella que tiene en materia de infraestructura.

Irónicamente, parecería que es el propio Estado el principal enemigo de que las cosas resulten bien. En enero, un pronunciamiento de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), condujo a que el Grupo Argos desistiera de estar en la subasta. En su momento, el conglomerado antioqueño atribuyó su decisión tanto al precio base fijado como al cambio de condiciones en los mercados internacionales, pero aun si hubiera querido continuar tenía que sortear una serie de talanqueras que el ente de control y vigilancia puso para garantizar un escenario de libre competencia.

Más sorprendente todavía fue el caso que involucró a la Empresa de Energía de Bogotá, en la cual el Distrito Capital es dueño de más del 70 por ciento de las acciones en circulación. Si bien la SIC le dio luz verde a una eventual integración entre la compañía e Isagen, puso como condición el cumplimiento de unas “condiciones mínimas”, que –para decirlo coloquialmente–, de mínimas no tienen nada. Estas tienen que ver con la venta de activos y con la eliminación de vínculos que tiene la entidad con otras que están en el negocio de la electricidad.

En particular, los condicionamientos hacen referencia a Emgesa y Codensa, cuya administración se encuentra en manos de un socio extranjero que domina la junta directiva de ambas sociedades. A pesar de tales circunstancias, a lo largo de buena parte de una resolución que tiene 140 páginas, la Superintendencia se empeñó en demostrar que, en la práctica, existe un control compartido y que, por cuenta de ello, la EEB tendría cómo desequilibrar el mercado de la energía. Para completar, argumentó que el hecho de que tenga la mayoría en la transportadora de gas TGI es también un impedimento, porque el combustible se usa para generar electricidad.

Tras analizar el pronunciamiento, la empresa bogotana presentó el viernes el recurso de reposición al que tiene derecho. En el comunicado que divulgó la noticia, sostuvo que el concepto de la SIC “se basó en interpretaciones foráneas no aplicables al contexto colombiano, que ponen en riesgo el mercado energético del país a futuro, al igual que la realización de inversiones, adquisiciones e integraciones en cualquier sector”.

Dicho planteamiento es válido. Tal como ocurre de vez en cuando en el país, en este caso la Superintendencia adoptó una postura extrema, que por querer proteger al público, posiblemente lo castiga. Además, desconoce la presencia de un esquema regulatorio que funciona bien y uno de cuyos propósitos centrales es el de evitar abusos. Y aunque el hecho de ser una compañía con mayoría de capital público no influye en el análisis, sería absurdo que el alegato de la EEB sea desechado y la única empresa colombiana interesada, resulte excluida de un proceso en el que merece estar.

Ricardo Avila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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