Ricardo Ávila

La paz entra por casa

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
abril 09 de 2015
2015-04-09 03:55 a.m.
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En un ambiente polarizado entre el gobierno de la Unidad Nacional y la oposición uribista, no sorprende que a diario surjan confrontaciones sobre los más diversos temas como el proceso de paz, la política exterior o la economía. Aunque bien podría darse este debate en un tono menos agresivo y sin acudir, como a veces sucede, a las descalificaciones personales y los insultos, lo cierto es que el país se ha ido acostumbrando a este escenario y que al menos ya no es posible decir, como muchas ocasiones en el pasado, que en Colombia todos los dirigentes políticos se tapan con la misma cobija.

Sin embargo, está surgiendo un nuevo frente de conflicto, en el que cada vez ocurren más roces y que, ese sí, puede acarrear nefastas consecuencias para la buena marcha del Ejecutivo, en particular, y del país, en general. Se trata de la competencia entre los distintos aspirantes presidenciales que hacen parte del equipo del presidente Juan Manuel Santos.

Conocidos son los continuos rifirrafes entre el vicepresidente Germán Vargas Lleras y el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, cuyas relaciones personales se encuentran hoy en su nivel más bajo, deterioradas, porque el primero exige recursos presupuestales para los programas de vivienda social e infraestructura, considerados estratégicos, y el segundo está obligado a cuidar las arcas de la Nación, en momentos de innegable dificultad fiscal.

En días recientes, además, han surgido rumores sobre las diferencias entre otra líder con perfil presidencial, la Ministra de Educación Gina Parody y el titular de Hacienda, también relacionadas con asuntos de fondos. Y hay otras batallas soterradas que empiezan a asomar.

Estas diferencias se reflejan por momentos en las labores de las bancadas de los diferentes partidos que conforman la Unidad Nacional, como pasó con el intento, surgido en las últimas horas entre congresistas del propio seno de la coalición de gobierno, por inhabilitar al vicepresidente Vargas Lleras con un artículo agregado a la reforma constitucional del equilibrio de poderes.

Cuando aún faltan más de tres años para que concluya el mandato de Santos, y mucho para el arranque de la campaña electoral que definirá a su sucesor, no tiene sentido que la largada de esa contienda se anticipe y comience a librarse antes de que finalice la parte inicial del segundo periodo del jefe del Estado.

Se trata de legítimas aspiraciones, sin duda. Y resulta comprensible el afán de todos y cada uno de los presidenciables por tener éxito en sus respectivas gestiones al frente de las tareas asignadas. También resulta explicable que en momentos de estrechez como los que vive el país, haya una batalla diaria por los recursos entre los diferentes ministerios que tienen a su cargo grandes inversiones, y entre estos Hacienda, obligado a cuidar que el gasto público no se desborde.

Pero cuando ese comprensible pulso se transforma en una guerra entre facciones políticas, donde los personalismos y las zancadillas entran a jugar de lleno, es momento de hacer sonar las alarmas.

Tan lejos como está el país de la próxima elección presidencial, y en un año con tantos desafíos y dificultades, durante el cual acertar en la inversión pública que mejor impulse la economía es una de las claves para el crecimiento, es inaceptable que la administración termine parcelada y que unos saboteen el trabajo de otros. Esto puede resultar enormemente dañino no solo para el Gobierno, sino para el país.

De ahí que el primer interesado en atajar este creciente fenómeno de peleas internas sea el propio Presidente. Mediar en los conflictos, tomar decisiones que todos respeten sin importar si unos se sienten ganadores y otros perdedores y, en fin, convencer a todos de que deben remar juntos y en la misma dirección, es obligación de quien lidera a la tripulación, para garantizar que esta conduzca el barco a puerto seguro.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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