Ricardo Ávila

Pensando en el presente

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
marzo 18 de 2015
2015-03-18 03:11 a.m.
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No habían pasado muchas horas desde que el Dane informó que el crecimiento de la economía en el 2014 había sido del 4,6 por ciento, cuando un comunicado del Ministerio de Hacienda reportó que el Gobierno comenzará a trabajar con diversos sectores empresariales para impulsar la dinámica actual. La idea es que para compensar el efecto del derrumbe en los precios del petróleo, hay que aprovechar las oportunidades que se crean con el alza en el precio del dólar y con el repunte que experimenta Estados Unidos.

El mensaje tiene un trasfondo claro. Aunque la evolución del Producto Interno Bruto el año pasado fue aceptable, hay más nubarrones oscuros en el horizonte. Además, una mirada a los capítulos a los que les fue bien y a los que no, muestra una línea divisoria evidente.

En el primer segmento se encuentran la construcción, el sector financiero o el comercio, que responden a fuerzas internas. Cada uno de esos renglones tuvo un desempeño superior al promedio, en el que se destacaron las edificaciones y las obras civiles. Adicionalmente, es posible inferir que el consumo sigue saludable, por cuenta de la baja en las tasas de desempleo y el clima de inversión, todavía calificado favorablemente.

En contraste, en el segundo tramo están los ramos a los cuales no les fue bien, como el agropecuario, la industria o la explotación de minas y canteras, que están sujetos a la marcha de las exportaciones o a la competencia internacional. Es verdad que factores como el terrorismo golpearon la explotación petrolera, pero también el escenario de las cotizaciones de los bienes primarios varió radicalmente a lo largo del semestre pasado.

No obstante, ahora las cosas son muy diferentes. La fuerte devaluación del peso, que este martes se acercó más a los 2.700 pesos y se encuentra 12 por ciento por encima del nivel con el cual comenzó el 2015, es un elemento nuevo que, sin duda, influirá en lo que pase en el presente año. La pregunta, imposible de contestar aún, es qué tan rápida será la reacción de los segmentos a los cuales beneficia la nueva realidad cambiaria.

Para citar un caso específico, sobre el papel las manufacturas nacionales deberían comenzar a sustituir a las importadas. El lío es que en años recientes tuvo lugar un importante proceso de desindustrialización, que puede ser imposible de revertir de forma inmediata si las fábricas que atendían a un mercado, que empezó a abastecerse por fuera y ahora preferiría hacerlo por dentro, resultaron desmanteladas.

Por su parte, es de esperar que el área sembrada reaccione, sobre todo en los cultivos de ciclo corto. En el mejor de los casos, empezarían a verse mayores cosechas que tienen como estímulo adicional un escenario de precios favorables. Lo que pasa es que esa no es la única señal que necesitan los agricultores, inquietos por asuntos que van desde los cuellos de botella logísticos hasta la disponibilidad de semillas y el clima.

Mientras las incógnitas se resuelven, el Gobierno tiene que ir a la fija. Esto quiere decir que la locomotora de la infraestructura necesita ganar más velocidad, para que su propósito contracíclico se cumpla. Las cosas van bien en vías, pero a finales del año pasado se presentaron tropiezos en frentes que necesitan atención. Al mismo tiempo, la actividad edificadora requiere un segundo aire, que depende del éxito de las estrategias respecto a la vivienda.

También hay que liderar procesos. El clima de antagonismo que llegó a existir entre el Ejecutivo y el sector privado necesita ser sustituido por uno de verdadera colaboración, pues quedan muchos obstáculos en el camino. Y para que el 2015 acabe siendo mejor de lo que pinta, es indispensable que fluya el diálogo, no con el fin de apagar incendios, sino con el propósito de aprovechar las oportunidades, que a veces no se ven por cuenta de la convulsionada realidad diaria.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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