Ricardo Ávila

Las pilatunas del Niño

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
enero 14 de 2015
2015-01-14 03:08 a.m.
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A lo largo de los meses más recientes, el país ha escuchado hablar con insistencia de la posible llegada de un nuevo fenómeno de el Niño. Como es bien conocido, este tiene que ver con una alteración en los patrones de pluviosidad, en respuesta al cambio de temperaturas en ciertas corrientes del Océano Pacífico. Dadas las implicaciones que tiene sobre la economía y la calidad de vida en el territorio nacional, el tema fue el plato fuerte del Consejo de Ministros que sesionó este martes en la Casa de Nariño.

En el informe que escucharon los integrantes del alto Gobierno quedó en claro que la probabilidad de una situación extrema es baja. Las entidades internacionales que monitorean el asunto hablan de una intensidad débil, que tendría lugar entre enero y marzo, una visión un poco menos inquietante que la preponderante a finales del año pasado.

Aun así, ello no quiere decir que no va a pasar nada. El tiempo seco, que ha sido la norma en la mayoría del país desde el arranque del 2015, amenaza con ocasionar dolores de cabeza, sobre todo en una zona que tiene como epicentro al Tolima, otra ubicada en Boyacá, una tercera localizada en Córdoba y el norte de Antioquia y una cuarta en La Guajira.

De hecho, en lo que atañe a los caudales de los ríos más significativos, los trastornos ya se han hecho presentes. El Magdalena se encuentra por debajo de sus mínimos históricos, al igual que el Cauca, como lo comprueban las mediciones realizadas en Barrancabermeja (Santander) y La Virginia (Risaralda), respectivamente. En respuesta se han encendido las alarmas, por la incidencia que esa realidad puede tener sobre las poblaciones ribereñas.

Pero el estado de alerta no debería limitarse a esas áreas. No hay duda de que el Niño viene acompañado de peligros que van desde incendios forestales hasta líos con el suministro de agua potable, aparte del impacto sobre la agricultura y la ganadería. A lo anterior hay que agregarles las heladas y la incidencia de enfermedades tropicales, que tampoco se pueden pasar por alto.

Afortunadamente, Colombia ha aprendido a no tomar las variaciones en los patrones climáticos a la ligera. Por cuenta de los golpes del pasado, se han aprendido lecciones que en la presente ocasión se están aplicando. Estos van más allá de los llamados de atención que en repetidas ocasiones se han hecho, pues hay una estrategia de coordinación institucional en la cual se destaca el liderazgo del Ministerio de Ambiente y del Ideam.

Además, existe un plan de contingencia que incluye acciones preventivas y estrategias de alistamiento. Para usar el término coloquial, se trata de mantener la guardia arriba para poder responder a las emergencias a tiempo. También se ha aumentado la presión sobre los mandatarios locales que son el eslabón más débil de la cadena, sobre todo en el caso de los municipios más pequeños, en donde los términos prevención y mitigación se escuchan poco.

Lo anterior no logrará evitar plenamente los estragos, pero sí ayudará a que sean menos intensos. Un ejemplo es el programa que adelanta el Ministerio de Agricultura, el cual comprende obras de riego y drenaje, entre otras acciones.

Quizás el parte de mayor tranquilidad está en el sector eléctrico. El nivel de los embalses está en 72 por ciento –más que en otro episodios– y la entrada en operación de Hidrosogamoso ha ampliado el margen de tranquilidad.

No obstante, tanto en ese sector como en otros, el mensaje de fondo es que no hay que confiarse. Únicamente una labor de seguimiento constante le permitirá al país reducir la probabilidad de encontrarse sorpresas desagradables, a sabiendas de que el calentamiento global hará cada vez más notorias las pilatunas atribuibles al Niño con su falta de lluvias o la Niña, con sus precipitaciones intensas. Ambos forman parte de una realidad tan cierta como inescapable.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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