Ricardo Ávila
Editorial

Piratas al ataque

El más reciente episodio de virus informáticos, que se propagan de forma masiva, es un campanazo de alerta para todos.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
mayo 14 de 2017
2017-05-14 04:48 p.m.
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La historia seguramente llegará a convertirse en una producción de Hollywood. En algún lugar del mundo, un grupo de expertos en sistemas instala un virus que se propaga rápidamente por el universo de internet, obligando a compañías y personas a pagar dinero con el fin de recuperar información que les fue secuestrada. Al final, los cerebros detrás de la empresa criminal se harán a sumas millonarias o acabarán detenidos por las autoridades, dependiendo de lo que quiera hacer el libretista de la película.

Que ese argumento estará basado en la realidad, es algo que quedó demostrado el viernes pasado, después de que unos 100.000 computadores en más de un centenar de países -incluyendo a Colombia- resultaron afectados por un programa maligno llamado Wannacry. Más de un usuario se encontró en la pantalla de su máquina un mensaje que le decía que sus archivos habían sido encriptados y que la única manera de recuperarlos era pagar el equivalente de 300 dólares en bitcoin, una moneda virtual de cada vez mayor aceptación.

Aunque la debacle se evitó gracias a que alguien encontró, de manera temprana, un interruptor que evitó la propagación exponencial de la epidemia, el daño fue considerable. El sistema de salud británico, la operadora de los trenes en Alemania, empresas como Renault en Francia y Telefónica en España, se cuentan dentro de los damnificados.

El cibercrimen es una realidad cada vez más presente en el mundo de hoy y nadie debería desconocer su presencia.

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Restablecer la información comprometida costará tiempo y dinero, así aquellos que armaron el tinglado no hayan conseguido su objetivo de hacerse ricos a punta de rescates. Una compañía especializada le dijo al diario Financial Times que en las cuentas secretas de los responsables de la debacle tan solo se habían depositado 22.600 dólares.

Pero más allá de lo que pudo pasar y no sucedió, el campanazo de alerta se escuchó con claridad en el mundo. Una vez más, las advertencias sobre los problemas de seguridad que existen en la red global quedaron corroboradas.

La cosa se complica porque la ofensiva maligna tuvo como base la filtración de documentos de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que había detectado un fallo en el programa Windows. El mecanismo que presumiblemente se usó para espiar, acabó sirviendo para mentes inescrupulosas y muestra hasta donde las actividades secretas de algunos gobiernos pueden tener consecuencias
imprevisibles e irreparables.

Aunque en su momento la compañía Microsoft hizo la reparación debida, las versiones más antiguas del sistema operativo no se actualizaron. Lo sucedido revela que contar con arquitecturas inexpugnables es imposible y que siempre habrá personas interesadas en franquear las murallas, por sofisticadas que parezcan.

El cibercrimen es una realidad cada vez más presente y nadie debería desconocerlo. La figura del hacker que trata de robar secretos industriales, acceder a las cuentas corrientes de miles de incautos o perforar las barreras erigidas por las instituciones financieras, no es una historia de las series de televisión. Las pérdidas de los bancos colombianos por este concepto son cuantiosas y los ataques desde los sitios más remotos del planeta son pan de cada día.

Más recientemente, se ha visto el intento de utilizar la información encontrada para propósitos políticos. La evidencia disponible apunta a que Rusia metió la mano por esta vía en las elecciones que llevaron al poder a Donald Trump, mientras que tres días antes de los comicios en Francia, las cuentas de Emmanuel Macron fueron abiertas por terceros.

En conclusión, el episodio del viernes es un llamado de atención que exige respuestas, ya sea en el ámbito gubernamental como en el empresarial y el individual. Los beneficios de internet y la revolución tecnológica son inconmensurables, pero los riesgos vienen al alza. Subir la guardia no es una opción, sino una obligación, antes de la próxima ofensiva de los piratas cibernéticos.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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