Ricardo Ávila
Editorial

Populismo en retirada

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
febrero 24 de 2016
2016-02-23 11:43 p.m.
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Ha culminado el conteo de los votos en Bolivia, tras el referendo constitucional que buscaba definir si Evo Morales podía aspirar de nuevo a la presidencia, al final de su mandato a comienzos del 2020. Los resultados les dan la razón a los opositores del Gobierno.

Más allá del resultado final, el giro que ha dado la opinión del país andino es notorio. En lugar de las amplias mayorías de épocas pasadas, el actual mandatario comanda una nación dividida electoralmente, con una clara separación en el respaldo que recibe en las ciudades y el campo, donde se ubica la mayoría de quienes le apoyan.

Sin duda, la fatiga tras diez años de administración le comienza a pasar su cuenta de cobro, al igual que varios escándalos surgidos en meses recientes. Independiente de que siga con un gran margen de maniobra y de que todavía le queden años en el Palacio Quemado en La Paz, su estrella ya no está en el mismo punto de antes.

Ese declive tiene similitudes con el observado en aquellos países de la región en donde el populismo de izquierda parecía imbatible. Atrás quedaron las épocas en que Hugo Chávez movía multitudes con su retórica e inspiraba a otros con su apología del socialismo del siglo XXI. Hoy en Caracas su sucesor, Nicolás Maduro, lucha por sobrevivir a una crisis de índole económica y social que amenaza con convertirse en una catástrofe humanitaria.

Más al sur, Argentina deja atrás el legado de los Kirchner, después de que Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada en diciembre. Las cosas no son fáciles para la tercera economía más grande de América Latina, pero las perspectivas son muy distintas, como lo señalan los más variados analistas.

En Ecuador el parte es preocupante. La dolarización es una camisa de fuerza al mismo tiempo popular e insostenible. Con el fin de mantenerse en el cargo, el presidente Rafael Correa busca recursos en forma desesperada, incrementando la dependencia que tiene con China. Aun así, las cuentas siguen sin dar y menos ahora que el barril de crudo está cerca de los 30 dólares.

Incluso aquellos lugares donde imperó un socialismo más moderado son distintos ahora. El caso más notorio es el de Brasil, inmerso en una debacle en la que se mezclan las acusaciones de corrupción, la incertidumbre política y la falta de dinámica del sector productivo.

La baja popularidad de Dilma Rousseff es indiscutible e incluso Lula da Silva, cuyo prestigio parecía inexpugnable, enfrenta procesos judiciales y ha perdido el favor de la opinión.

Si bien cada caso es único, hay elementos comunes que permiten entender por qué el péndulo se movió. El más obvio es que el fin de la bonanza de precios de las materias primas hizo insostenible al Estado benefactor, el mismo que contaba con dinero para entregar subsidios directos, ampliar la nómina oficial o emprender proyectos, algunos de cuestionable rentabilidad.

Ejemplos extremos como el venezolano, cuya administración dilapidó cientos de miles de millones de dólares, se combinan con el ecuatoriano, en donde se hicieron múltiples obras, pero no se logró diversificar la base productiva o las fuentes de empleo. De hecho, Bolivia registró éxitos notables, pues supo aprovechar sus yacimientos gasíferos mientras hacía un manejo ortodoxo de las vacas gordas, algo que se tradujo en una importante reducción de la pobreza y una expansión de la clase media.

No obstante, el margen de maniobra para Evo Morales también se redujo y será menor por cuenta de la realidad del mercado de hidrocarburos. Ante los menores ingresos fiscales, no hay más remedio que la austeridad, pero esta es enemiga del populismo que resultaba tan fácil cuando las cuentas públicas tenían saldos a favor.

Por eso, América Latina vuelve a la encrucijada de aferrarse al pasado o escribir una historia diferente.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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