Ricardo Ávila
Editorial

Prevención de desastres

La tragedia de Mocoa ha dejado en evidencia, una vez más, la incapacidad de las autoridades para regular adecuadamente los asentamientos humanos.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
abril 04 de 2017
2017-04-03 09:33 p.m.
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La tragedia de Mocoa ha dejado en evidencia, una vez más, la incapacidad de las autoridades para regular adecuadamente los asentamientos humanos, en el marco del curso implacable de la naturaleza. El drama que ha dejado como saldo más de 250 víctimas fatales, más de dos centenares de heridos y miles de damnificados ha planteado interrogantes sobre si este desastre se veía venir y si era posible evitarlo. Lamentablemente, la respuesta es afirmativa en ambos casos.

La primera reacción ante la tragedia consiste en culpar a la naturaleza. Varios observadores han señalado el rol de las inclementes lluvias que asolan grandes zonas del territorio nacional. Hay que tener en cuenta que en Putumayo los índices de pluviosidad el viernes pasado fueron inusitados: esa noche cayó tanta agua como la que debería caer en tres semanas completas en condiciones normales. Fenómenos climáticos extremos como este, y como los que se están presentando en otras partes del país y del continente, son una muestra elocuente de los estragos que deja el cambio climático.

Pero más allá del papel que juega este fenómeno global, hay cuestiones relacionadas con la tragedia de Mocoa que se podían anticipar y prevenir localmente. De tiempo atrás, se habían dado llamados de atención sobre la situación de riesgo en la que estaba el municipio. La Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia (Corpoamazonia) y la gobernación de Putumayo habían hecho simulaciones que revelaban que un evento como este tenía una alta probabilidad de ocurrencia.

En concreto, hace nueve meses la Corporación realizó un taller con el Servicio Geológico Colombiano, en el cual advirtió que una avalancha del estilo de la registrada en la madrugada del sábado podía suceder. Lamentablemente, la alerta que surgió de esa reunión no tuvo efectos, porque las autoridades no atendieron el llamado y porque Mocoa no había hecho las actualizaciones necesarias en su Plan de Ordenamiento Territorial (POT) para enfrentar las amenazas.

'El desastre del fin de semana pasado muestra el riesgo en que se encuentran muchísimos municipios del país'

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No faltará quien diga que este no es momento de señalar lo que se pudo haber hecho y no se hizo, en medio de los estragos de la tragedia. Todo lo contrario: el desastre del fin de semana pasado ha puesto en evidencia el riesgo en que se encuentran muchísimos municipios del país, que tienen condiciones similares a las que propiciaron la lamentable avalancha en la capital de Putumayo.

A la alta pluviosidad registrada el viernes pasado, se sumó la inadecuada ubicación de muchos barrios sobre el lecho mayor del río Mocoa, es decir sobre el canal de movilidad de su cauce. Es, precisamente, en ese punto donde brilla la inoperancia de las autoridades locales, al incumplir el mandato de la Ley 388 de 1997, que obliga a los municipios a implementar acciones en zonas de riesgo como es el caso de poblaciones ubicadas en cauces fluviales.

Pero lo que no se hizo oportunamente en Mocoa todavía se puede hacer en otros municipios vulnerabes del país. Expertos geólogos de la Universidad Nacional han señalado que más de 380 cabeceras municipales enfrentan un riesgo similar, en la medida en que están ubicadas en riberas de ríos, varias de ellas en sus lechos mayores como estaba el sector arrasado el fin de semana. Muchos creen que ese llamado es exagerado porque han visto los respectivos ríos moverse dentro de sus cauces activos por muchos años, sin que se hayan afectado los asentamientos humanos ubicados en sus riberas.

Pero esta posición soslaya un hecho significativo: los lechos mayores abarcan una extensión mucho más amplia que los cauces activos, y son justamente los que terminan siendo inundados en situación de alta lluviosidad o avalanchas.

La amenaza es clara y contundente: la profundización del cambio climático no hará otra cosa que aumentar la frecuencia y la intensidad de los episodios de alta lluviosidad en el país, elevando el riesgo para más de tres centenares de municipios ubicados en la ribera de los ríos. Una efectiva prevención de desastres exige que las autoridades municipales reformen los POT en los casos en que sea necesario, y agilicen la reubicación respectiva de los asentamientos humanos, tal como lo exige la ley.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

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