Ricardo Ávila
Editorial

Que el debate sea abierto

La peor manera de proceder con la idea de gravar a las bebidas azucaradas, es darle un entierro de tercera categoría a la propuesta.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 29 de 2016
2016-11-29 08:43 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Mientras pasan los días y el país sigue expectante a la espera de la presentación de la ponencia que incluirá las modificaciones al proyecto de reforma tributaria radicado por el Gobierno a mediados de octubre, corren inquietantes rumores sobre la copiosa presencia de profesionales del cabildeo por los pasillos del Capitolio. La falta de transparencia en una labor que en otras latitudes se encuentra reglamentada -algo que aquí fracasó tras varios intentos-, es algo particularmente desafortunado.

El motivo es que en estas materias es mejor jugar con cartas destapadas cuando el objetivo es tramitar intereses individuales. De lo contrario, el proceso empieza a ser considerado como turbio, uno de los motivos por los cuales la ciudadanía no mira con buenos ojos las discusiones a puerta cerrada, sobre todo cuando se trata del Congreso.

En esta ocasión, el ruido es particularmente fuerte en lo que atañe a la propuesta sobre imponerle un gravamen de 300 pesos por litro a las bebidas azucaradas. Más de un parlamentario señala, entre dientes, que la idea “nació muerta”, mientras que los integrantes del Ejecutivo afirman que todos los temas se han podido discutir, pero que en este caso hay trazada una especie de línea roja por legisladores de las más diversas bancadas y de todos los espectros ideológicos.

Las cosas han llegado a tal extremo, que el chiste afirma que “hay más azúcar que mermelada”, una insinuación no tan velada sobre la presencia de dinero o promesas de favores, que no le sirve en absoluto a la legitimidad de senadores y representantes a la Cámara. Esas acusaciones le hacen un flaco favor a una institución desprestigiada, que está obligada a demostrar que nada de eso es cierto.

Tal como sucede con asuntos polémicos, hay opiniones divididas y argumentos respetables de lado y lado.

COMPARTIR EN TWITTER

Dicha impresión tampoco les conviene a los empresarios que fabrican insumos o que venden sus productos al público. Si hay un activo que vale la pena preservar en el mundo de los negocios es la reputación, algo que pasa por evitar sombras de duda sobre supuestas presiones indebidas que atenten contra los propios principios de la democracia.

Por lo tanto, lo que procede es debatir la propuesta abiertamente. Tal como sucede con asuntos polémicos, hay opiniones divididas y argumentos respetables de lado y lado.

Es conocido que el Ministro de Salud es el abanderado de la nueva contribución, no solo con el propósito de desestimular el consumo de gaseosas y opciones parecidas, sino para darle más recursos a un sistema que está desfinanciado. Si existe una relación de causa y efecto entre ingesta de bebidas azucaradas y cierto tipo de enfermedades, el alegato oficial es que los consumidores de este tipo de productos deberían asumir una carga mayor, tal como sucede con los cigarrillos.

Del otro lado se encuentran personas como el senador Iván Duque, quien desde hace meses ha hecho públicas sus posiciones al respecto y es reconocido como un analista serio. Según el integrante del Centro Democrático, hay un problema de sobrepeso y obesidad en Colombia, pero el remedio adecuado no es el que impulsa el Gobierno.

En consecuencia, existe la oportunidad de enriquecer la controversia con el fin de que tanto en comisiones como en plenarias se hable abiertamente de este punto. Aquellos que no son expertos apreciarían la posibilidad de estar informados para que puedan votar con conocimiento de causa.

Lo que sería lamentable, entonces, es darle un entierro de tercera a una cuestión que volverá a salir a la palestra tarde o temprano, sobre todo si la impresión generalizada es que hubo gato encerrado. Nadie pone en duda que tomar una determinación es difícil, pero en estos casos la mejor salida es la transparencia, la misma que evita suspicacias en un ambiente tan cargado como el actual. Solo de esa manera, los congresistas podrán afirmar, sin bajar la mirada, que le dieron a esta iniciativa la consideración que se merece.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado