Ricardo Ávila

Quiénes pagan los platos

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 21 de 2014
2014-10-21 02:09 a.m.
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Mientras el precio del petróleo continúa oscilando apenas por encima de los 80 dólares por barril y acumula una reducción cercana al 25 por ciento frente al punto alcanzado en junio, tanto los países como el sector privado hacen cuentas sobre lo que les puede pasar si las cotizaciones actuales se mantienen. Y es que un descenso en el precio del crudo deja ganadores y perdedores, pues mientras los que compran combustibles se pueden ahorrar sumas importantes, los productores tendrán que asumir el golpe.

Las cifras no son de menor cuantía. Por cada dólar que baja el barril de petróleo de forma sostenida, los ingresos brutos del sector disminuyen en más de 30.000 millones de dólares anuales, algo que impacta con particular dureza a los exportadores netos de hidrocarburos, como es el caso de Colombia. La otra cara de la moneda son los consumidores. En el caso de Estados Unidos, se ha dicho que un hogar promedio dejaría de gastar 600 dólares anuales en gasolina si los niveles vigentes persisten.

El nuevo escenario implica realidades económicas distintas, pues no solo el crecimiento de quienes experimentaron la bonanza reciente se resentirá, sino también la sostenibilidad fiscal de aquellas naciones que en un momento dado parecían haberse ganado la lotería. En consecuencia, más de un analista ha empezado a hacer consideraciones geopolíticas, que se verán en diferentes continentes.

Por ejemplo, el editorial del diario The Washington Post señaló ayer que hay un efecto benéfico e inesperado de la situación. Este es que tres de los regímenes que más dolores de cabeza le causan a Occidente van a sufrir mucho. Rusia diseñó su presupuesto de gastos con base en un escenario de 100 dólares el barril, mientras que Venezuela usó como base 120 –algo que Caracas niega– e Irán, 140.

Puesto de otra manera, los ánimos expansionistas de Vladimir Putin, que han llevado a Moscú al borde de la confrontación abierta en Ucrania, se deberían moderar. Más allá de que la mayoría de la población respalda al Kremlin en su actitud hacia Kiev, el comienzo de la temporada invernal coincide con una época de estrechez en la que las sanciones adoptadas en el pasado reciente por Europa y Estados Unidos se sienten aún más.

Por su parte, Teherán tampoco la tiene fácil. De manera innegable ha perdido margen de maniobra a la hora de hacerse el de la vista gorda a las exigencias que se le han hecho sobre el desarrollo de su programa nuclear.

No obstante, el asunto que más nos concierne es Venezuela. Para el Gobierno de Nicolás Maduro, la caída en el valor del barril de petróleo puede ser el puntillazo final. No se trata tanto de las cuentas públicas, que igual están descuadernadas desde hace rato, sino de la capacidad de seguir importando artículos de primera necesidad, algo fundamental en un país que compra en el exterior tres cuartas partes de la comida que necesita.

A lo anterior hay que agregar que la escasez de divisas debería sentirse en todos los ámbitos. De hecho, la prima de los bonos venezolanos se ha disparado, mientras que en el mercado paralelo el bolívar fuerte ha vuelto a perder terreno frente al dólar.

Y las réplicas del terremoto petrolero no pararían ahí. Como es bien conocido, Caracas conserva una gran influencia en la región por cuenta de las ventas subsidiadas de crudo que hace Petrocaribe. Una suspensión de esos flujos pondría en problemas serios a un buen número de islas, al igual que a Nicaragua. Cuba hace parte de otro costal, pero es incuestionable que La Habana sabe que si el régimen bolivariano se derrumba, su propia supervivencia estará en veremos.

Todos esos elementos forman parte de los vaivenes en las cotizaciones de los hidrocarburos y deben ser tenidos en cuenta. Porque así más de uno haga cuentas con la plata que se va a ahorrar, otros empiezan a ver el futuro como el color del petróleo: negro.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

 


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