Ricardo Ávila
Editorial

Una radiografía descarnada

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
junio 15 de 2016
2016-06-15 09:40 p.m.
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Cuando hace un par de años el viento empezó a cambiar de dirección en el mercado de los hidrocarburos, los analistas pronosticaron –con razón– que Colombia debería prepararse para la turbulencia. A fin de cuentas, tanto los impuestos pagados por las compañías del sector como los dividendos de Ecopetrol habían llegado a representar una quinta parte de los ingresos del Gobierno Central y todo indicaba que esa fuente vería reducido su caudal en forma sensible.

La realidad acabó siendo peor. No solo los recaudos del petróleo desaparecieron, sino que este año fue necesario hacer devoluciones de impuestos por 800.000 millones de pesos, a los que tienen derecho las empresas del ramo.

Ese giro fundamental quedó reflejado en el Marco Fiscal de Mediano Plazo que, tal como lo estipula la ley, entregó el Ministerio de Hacienda al Congreso en la noche del martes. El extenso documento constituye una radiografía del Estado de las finanzas públicas. Y como buena radiografía, muestra la verdad de las cuentas estatales de forma descarnada.

"El Marco Fiscal de Mediano Plazo deja claro que el deterioro de las finanzas públicas, por la destorcida petrolera, es notorio".

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El panorama no es el más alentador. En el 2016, el saldo en rojo del sector central ascenderá a 33,3 billones de pesos, una cifra que equivale al 3,9 por ciento del Producto Interno Bruto. Semejante desfase supera el que se había anunciado en diciembre –que era del 3,6 por ciento–, con la debida autorización del comité de expertos independientes que dicta los parámetros para el cumplimiento de la regla fiscal. Aun así, no faltaron los analistas que fruncieron el ceño ante un agujero que superará los estimativos.

Más de un observador extrañó que en los cálculos sobre lo que viene no hay nada con respecto a una eventual reforma tributaria. A este respecto, las autoridades se inclinaron por mostrar cómo sería la situación con la estructura impositiva vigente, más allá de que exista el compromiso de que en el segundo semestre el Congreso recibirá una propuesta por parte de la administración Santos.

Para quien se tome el trabajo de mirar los cuadros incluidos en el informe, queda claro que habría que hacer un ajuste brutal. El motivo es que los ingresos gubernamentales subirían apenas 4,9 por ciento en el 2017, con lo cual los gastos podrían aumentar apenas en 2 por ciento, si se quiere evitar que el déficit supere el 3,3 por ciento del PIB, que sería el máximo permitido. De tal manera, el recorte lo sufriría la inversión que tendría que bajar en más de 6 billones de pesos, lo cual golpearía infinidad de programas estatales.

"La realidad de las cuentas estatales es débil, ante lo cual la opción es no hacer nada u optar por la senda de la reforma tributaria".

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Ante semejante escenario, el país debe comenzar a debatir no cómo tapa el faltante del presupuesto que viene, sino cómo garantiza la sostenibilidad de las finanzas públicas, al tiempo que crea condiciones atractivas para la inversión privada. Esa es la única manera de aproximarse al debate sobre la reforma tributaria, cuyo propósito debe trascender la duración del actual periodo presidencial.

Cruzarse de brazos es una opción, pero no es la mejor. Los escenarios del Marco Fiscal muestran que habría que comenzar un ciclo de recortes muy largo, pues no solo hay que responder a la caída en los recursos, sino al mandato legal que establece que el déficit fiscal deberá bajar a una cuarta parte de su nivel actual a comienzos de la década que viene.

Siempre, claro, se puede pensar con el deseo. Para citar un ejemplo, las proyecciones que se hacen sobre el precio del petróleo son conservadoras a la luz de lo que pasa en los mercados globales. Pero hacer cuentas alegres sería irresponsable y seguramente nos costaría el grado de inversión que le han otorgado las firmas calificadoras de riesgo a la deuda pública colombiana.

En conclusión, el parte entregado dista de ser tranquilizador. La realidad de las finanzas públicas es débil por cuenta del desplome de las materias primas. Ahora, lo que hay que decidir es si optamos por una cirugía de fondo o nos quedamos como así.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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