Ricardo Ávila

Ráfagas desde afuera

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 10 de 2015
2015-07-10 05:59 a.m.
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A la economía mundial le sigue pasando como a aquellos pacientes a los cuales el médico, luego del conocido chequeo anual, les extiende un parte de buena salud, pero solo por tres meses. Doce semanas después, tras una nueva revisión, el diagnóstico es menos bueno y, a medida que el tiempo pasa, el pronóstico se torna cada vez menos alentador, hasta que es evidente que la persona está enferma.

Algo de ese estilo sucedió ayer, a raíz de la publicación que hizo el Fondo Monetario Internacional de sus más recientes proyecciones sobre la marcha del planeta. Esta vez la entidad multilateral recortó las apuestas que había dado a conocer en abril sobre el Producto Interno Bruto global, cuyo crecimiento ahora no debería superar el 3,3 por ciento en el 2015.

Dicha cifra es muy similar a la de los dos años pasados y se ubica en el terreno de lo que los expertos describen como mediocre. Parecería que el mundo permanece en el carril de tráfico lento, sin que los esfuerzos a la hora de poner el pie en el acelerador se noten.

Lo anterior no quiere decir que las variables cuyas fuerzas determinan la dinámica económica se mantengan en iguales condiciones. Al contrario, los cambios recientes son profundos. El problema es que lo que se gana en un lado se pierde en el otro.

Para citar un ejemplo concreto, algunas de las naciones que en Europa experimentaron hasta hace poco grandes dificultades, se ven mucho mejor. En concreto, Italia y España han retornado al terreno positivo. Al mismo tiempo, el Reino Unido anda un poco menos bien de lo que se pensaba.

Y siguiendo en el grupo de los ricos, Estados Unidos tuvo un primer trimestre muy malo, mientras que Japón no levanta cabeza del todo. Debido a ello, la expansión de los países avanzados sería apenas del 2,1 por ciento en el 2015.

Por el lado de las economías emergentes, las cosas no están mucho mejor. La locomotora china se ha frenado, al tiempo que Rusia permanece en rojo, por causa de las sanciones que se le han impuesto, debido a su actitud ante Ucrania. Por su parte, África o el Medio Oriente sienten un apretón, así estén en negro.

Una mención aparte merece América Latina, cuya dinámica bajaría a 0,5 por ciento este año. Brasil, Argentina, Venezuela y Ecuador se encaminan a una contracción y son el gran lastre regional, sin que se vea una luz al final del túnel. El lío es que, más allá de que Perú, Chile o Colombia sigan en negro, su realidad dista de ser la ideal, por lo cual no alcanzan a subir mucho el promedio.

Como si lo anterior fuera poco, los riesgos a la baja parecen ser mayores ahora. Un mal desenlace de la crisis de Grecia podría no solo golpear al Viejo Continente, sino ocasionar réplicas en otras latitudes que se expresarían en salidas de importantes capitales y mayores tasas de interés. La ruptura de la burbuja bursátil en China incluye el riesgo de afectar a millones de hogares, impactando el consumo de bienes terminados y materias primas. La volatilidad de los mercados de acciones, monedas y materias primas apunta, igualmente, a ser la norma y no la excepción.

Así las cosas, el FMI insiste todavía en que se deben combinar políticas que comprendan estrategias de apoyo a la demanda, junto con reformas estructurales. En concreto, el organismo pregona las ventajas de invertir en infraestructura, mientras advierte que es bueno apretarse el cinturón, sin hacerlo demasiado, junto a buscar alzas en productividad.

No obstante, en un plano más amplio, parece obvio que el mundo no encuentra aún la llave de la puerta que le permita acceder a un crecimiento más rápido. En medio de ese contexto, todo se vuelve más difícil para todos, como bien lo está aprendiendo Colombia. El viento en contra sopla fuerte y las ráfagas que más se sienten aquí son las que vienen de afuera.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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