Ricardo Ávila

Recetas que sirven

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
abril 04 de 2013
2013-04-04 06:26 a.m.
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A medida que pasan los días, sube la expectativa en el sector productivo por las llamadas ‘medidas de choque’ con las que se ha comprometido el Gobierno para darle una mano a la industria y a la agricultura. Como es sabido, la primera se encuentra en recesión tras acumular varios trimestres en rojo, mientras que la segunda avanza a un ritmo mediocre que se ha traducido en protestas de cafeteros, arroceros o cacaoteros.

Ante tan pobre desempeño, los representantes de ambas actividades estuvieron en la Casa de Nariño, que organizó, a su vez, unos grupos de trabajo temáticos desde mediados de marzo. El resultado de ese análisis debería concretarse en un pronunciamiento que hará el propio Juan Manuel Santos en unos días.

Pero mientras ese momento llega, aparecen nuevos insumos. Eso fue lo que hizo la Andi durante un evento, en el cual un puñado de altos funcionarios recibió ayer la denominada Agenda para el Salto en Competitividad. El documento en cuestión recoge una serie de acciones de corto y mediano plazo, orientadas a que el ramo manufacturero retome la senda del crecimiento.

Las recetas formuladas no son necesariamente novedosas, aunque tienen como elemento positivo el ser concretas y de fácil aplicación, en la mayoría de los casos. No menos valioso es el hecho de que el presupuesto nacional no se ve afectado de manera directa. En otras palabras, nadie está solicitando subsidios, sino una mezcla de políticas y decisiones que den origen a reglas de juego más favorables.

Dentro de los nueve puntos identificados –en los que prima el sentido común– están los costos de energía, la tasa de cambio, las materias primas, el fomento a la inversión de bienes de capital, la reglamentación de la reforma tributaria, la mejora de la aduana, una política de compras nacionales y decisiones en materia de logística, transporte e infraestructura. Si se avanza en cada uno, la esperanza de la Andi es que para el 2014 el país vuelva a tener un crecimiento cercano al 5 por ciento.

Lo anterior deja en claro varias cosas. La principal es que las autoridades tienen un menú del cual pueden hacer uso y que se debería traducir en determinaciones específicas. Por ejemplo, es de esperar que las herramientas que se han venido usando en contra de la apreciación del peso se fortalezcan e incluyan temas como endeudamiento externo o inversiones en el exterior.

Adicionalmente, es encomiable que muchas de las soluciones ideadas apuntan a mejorar la competitividad estructural de la industria, más allá de la coyuntura. Así ocurre con el precio de la electricidad, que es el segundo más alto de América Latina, a pesar de que el país depende de la generación hídrica. Algo similar sucede con la necesidad de suprimir la póliza de chatarrización de vehículos de carga, que se traduce en un alza de fletes, calculada en 7 por ciento.

También es importante el mensaje al Gobierno de que tiene que ser más ágil, no solo en impulsar su programa de construcción de infraestructura, sino a la hora de expedir normas que funcionen correctamente, tanto en cuestión de aranceles como de impuestos. Por ello, es crucial que el Ministerio de Comercio mejore su capacidad de reacción o que la reglamentación de la Reforma Tributaria, aprobada en la pasada legislatura, se complete bien y pronto.

En la medida en que las propuestas sean acogidas, la esperanza es que la economía colombiana aumente paulatinamente su velocidad. Los escasos indicadores disponibles hacen pensar que el primer trimestre del 2013 fue muy malo y que el actual puede ser apenas un poco mejor. Tal como van las cosas, es factible que el crecimiento del PIB se ubique en cercanías del 3 por ciento, a menos que en la segunda mitad del año se sienta el efecto de un plan de choque que tiene que operar cuanto antes.

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