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Ricardo Ávila

Remesas que no crecen

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
abril 30 de 2013
2013-04-30 03:58 a.m.
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Hasta hace poco tiempo, parecía que el único destino posible para millones de latinoamericanos que aspiraban a una vida mejor era emigrar al norte del continente americano o al otro lado del Atlántico. Una vez instalados, los recién llegados buscaban un empleo y, tras recibir su primer salario, empezaban a enviar dinero periódicamente a sus familias, convirtiéndose en el principal sustento no solo de estas, sino de regiones o países enteros.

Las cifras no dejan duda. Entre el 2001 y el 2008 el monto de las remesas que ingresaron a América Latina y el Caribe registró una tasa de incremento promedio del 17 por ciento anual, al pasar de 21.900 a 64.900 millones de dólares, según cálculos del Banco Interamericano de Desarrollo.

Los giros venidos del extranjero pronto se convirtieron en la primera fuente individual de divisas de Honduras, El Salvador, Guatemala, Haití, Jamaica o Guyana. En Colombia, el máximo histórico se alcanzó en el 2007, cuando ascendió a 4.492 millones de dólares, de acuerdo con el Banco de la República.

Sin embargo, la recesión de hace cinco años en los países más ricos cambió la dinámica de este rubro. En el 2009 se registró una caída del 15 por ciento en las remesas, la primera del siglo. La razón no fue otra que el alza en el desempleo en Estados Unidos y Europa, que golpeó directamente a los inmigrantes, tanto por trabajar en la golpeada industria de la construcción, como por el hecho de que una buena proporción estaba en condición de ilegalidad, que les impedía tener acceso a ayudas estatales.

Desde entonces tuvo lugar una recuperación, que cada vez se asemeja más a un estancamiento. Ayer, el BID informó que el monto recibido en el 2012 fue 61.300 millones de dólares, apenas 0,6 por ciento más que en el periodo precedente. Dadas las perspectivas económicas del Viejo Continente y Norteamérica, los conocedores dicen que las cosas no cambiarán mucho en el corto ni en el mediano plazo.

Hecha esa advertencia, hay realidades claramente distinguibles en esta parte del mundo que tienen que ver con el destino preferido de sus ciudadanos. De tal manera, México –que el año pasado ingresó 22.446 millones de dólares por este concepto– es altamente dependiente de lo que le suceda a la locomotora estadounidense y de cómo se encuentren las cosas al sur del Río Grande. En tal sentido, los giros se acercan a los niveles de antes, pero con tendencia reciente a la baja.

A su vez, Centroamérica es la zona más dinámica de todas, con 14.031 millones de dólares de remesas y un aumento del 6,5 por ciento, que refleja la mejoría del mercado laboral en el Coloso del Norte. En contraste, el Caribe dio marcha atrás, pues haitianos y jamaiquinos hicieron menos envíos a sus países de origen.

Una mención aparte merece lo sucedido en las naciones andinas. Y es que la crisis en España no solo golpeó a ecuatorianos y colombianos, que constituían las comunidades más grandes, sino que ha llevado al regreso de miles de personas. Hace pocos días, los ibéricos informaron que su población total había disminuido, precisamente por este factor.

En el caso específico de Colombia, el decrecimiento en las remesas fue del 2,3 por ciento, hasta 4.073 millones de dólares, según el Emisor. La contracción habría podido ser mayor, de no ser porque el dinero proveniente de Estados Unidos aumentó 5 por ciento, lo cual compensó la descolgada del 18,5 por ciento de España.

Dicha situación persiste en el primer bimestre del 2013, afectando sobre todo al Valle y el Eje Cafetero. Y aunque en el agregado hay un crecimiento del 3 por ciento, cuando se toman en cuenta factores como la tasa de cambio y la inflación, la mejora desaparece. Por eso, la esperanza recae en que una mayor devaluación del peso les ayude a miles de familias a compensar una realidad que no tiene trazas de cambiar pronto.

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