Ricardo Ávila

Renacer exportador

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 22 de 2015
2015-10-22 01:35 a.m.
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La abrupta caída en el precio del petróleo ha llevado a Colombia a reducir su tasa de crecimiento en dos puntos porcentuales, siendo similar a lo experimentado por otros países dependientes de productos básicos, como el cobre, en el caso de Chile y Perú, y menos grave que Argentina y Brasil, dependientes de los cereales. Los expertos hablan de los superciclos de los productos básicos, en los cuales la regla es 10 años de buenos precios por 20 de malos precios, y estamos entrando a la parte mala. Es decir, que lo más probable es que las cotizaciones de los productos minero-energéticos se mantengan en niveles bajos, y en el caso del petróleo solo hasta finales del 2016, cruce la barrera de los 60 dólares el barril.

El impacto macroeconómico no se demoró en dejarse sentir. De un lado, los ingresos petroleros del Gobierno se redujeron en más de 20 billones de pesos anuales, casi 2 puntos del PIB, la tasa de cambio se devaluó más de 60 por ciento, respecto a su nivel de mediados del 2014, y los flujos netos de inversión extranjera directa se reducirán en cerca de 30 por ciento este año. El déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos es cercano al 6 por ciento del PIB, nivel no visto desde la década de los ochenta, y el déficit fiscal se estima en no menos del 3,6 por ciento del PIB en el 2016. Lo anterior lleva a proyectar crecimientos del PIB no superiores al 3,0 por ciento para el año que termina y el próximo.

En esta situación, Gobierno y sector privado buscan nuevas fuentes de crecimiento, como la inversión en infraestructura en las vías 4G y la vivienda, pero su aporte está limitado por los menguados recursos fiscales y la necesidad de cumplir la regla fiscal para darle credibilidad a la política macroeconómica y mantener el grado de inversión de la deuda externa. Por ello, muchos han cifrado sus esperanzas en una buena reacción de las exportaciones no minero-energéticas, actividad que se ha vuelto más rentable por la devaluación del peso.

No obstante, las exportaciones no han reaccionado como se esperaba. En parte, esto se debe a que los dos principales mercados para los despachos no tradicionales, Ecuador y Venezuela, pasan por una coyuntura difícil por su elevada dependencia del crudo, la incapacidad de hacer un ajuste cambiario del primero y las grandes equivocaciones de política económica del segundo.

Las exportaciones han reaccionado en algunos mercados, en particular con los países desarrollados, los de la cuenca pacífica y los centroamericanos y el Caribe, pero su desempeño ha sido tímido. En efecto, la devaluación por sí misma no parece generar suficientes decisiones de producir para los mercados externos y simplemente se utiliza capacidad instalada sobrante.

No es de extrañar. Esta devaluación, además de empobrecernos por la vía de la inflación y el costo de las importaciones, es volátil y, en la medida en que se ajusten las importaciones, por la menor actividad económica, la tasa de cambio lentamente se revaluará. En este sentido, no es probable que muchos empresarios monten capacidad instalada adicional solo para aprovechar una ganancia temporal por tasa de cambio de dos o tres años.

La única forma de generar un renacer duradero de las exportaciones no minero-energéticas es reduciendo el costo país, donde aún tenemos una gran tarea por realizar, y aumentar el crecimiento de la productividad, si es que queremos tener una oportunidad de insertarnos en las cadenas globales y regionales de valor, que representan el 60 por ciento del comercio mundial.

Infortunadamente, la productividad total está estancada desde hace una década y, por ende, estamos creciendo a punta de emplear más mano de obra y capital, sin mejorar su productividad. Por esto, preocupa el recorte de recursos presupuestales para la ciencia, tecnología e innovación para entidades como Colciencias e iNNpulsa, y que el sector agropecuario aún no levante cabeza.

A punta de devaluación ningún país se enriquece, solo se hace por la vía sostenible de incrementar su productividad.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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