Ricardo Ávila

Los retos que se avecinan

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 28 de 2014
2014-09-28 08:36 p.m.
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Teorías sobre la guerra y la paz, así como recientes investigaciones académicas, coinciden en afirmar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los conflictos interestatales han disminuido, mientras que los internos han aumentado. Irlanda del Norte, Ruanda, Suráfrica, Sri Lanka, Siria, Guatemala y Colombia son algunos ejemplos.

La lucha librada entre diversos sectores sociales en un mismo espacio se da por representación política, por el respeto a los derechos y por el acceso a los recursos. Pero la violencia no solo se deriva de los conflictos civiles. Al amparo de la debilidad institucional, ha encontrado arraigo tanto la corrupción como el crimen organizado, fenómenos que alimentan la transgresión y obstaculizan la formación de Estados estables, prósperos y en paz.

Un estudio del de Naciones Unidas sobre homicidio, reseñado en otros espacios de análisis, advierte claramente que la consolidación de la paz tras el fin formal de un conflicto depende, en gran medida, de la contención del crimen organizado y las economías ilícitas. En Colombia, la preparación para un posible escenario de posconflicto debe considerar la migración en las tipologías de delitos.

Cada vez serán menos los secuestros y ataques a la infraestructura, mientras se consolidan el microtráfico, la microextorsión y otro tipo de flagelos. Es, entonces, imprescindible disponer al país para la lucha contra los negocios criminales, las cuantiosas ganancias que los sostienen y el lavado de activos que los fortalece.

En ese frente, una institución que ejerce un papel fundamental es la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF), la entidad de inteligencia económica del país. Es un organismo reservado, pero a la vez destacado por su carácter técnico, sus capacidades analíticas y la innovación tecnológica que, con determinación, ha aplicado en los últimos años, logrando resultados contundentes en apoyo, desde la inteligencia, a algunas de las más importantes investigaciones de la Fiscalía General de la Nación y, así mismo, fortaleciendo de forma decisiva la política y estrategia nacional de antilavado de activos.

Hoy, opera con un presupuesto de 7.000 millones de pesos, suma extremadamente escasa ante la magnitud de los negocios ilícitos en el país y las complejas redes criminales que se han forjado alrededor de diversas economías ilícitas como la minería ilegal, el contrabando y la extorsión, además del narcotráfico, e innegablemente, ante los retos que se avecinan con el posconflicto.

Amerita mencionar que el presupuesto de la unidad de inteligencia financiera de Argentina, un país con una economía similar a la de Colombia, supera el de la UIAF en 40 por ciento, mientras que en México, con el que compartimos problemas comunes y cuya economía es 3,5 veces más grande que la nacional, la unidad homóloga tiene un presupuesto 4,5 veces superior.

En este contexto, ahora que la reforma tributaria y la asignación del presupuesto público son asuntos álgidos y controvertidos, es fundamental, en los planes de fortalecimiento institucional, no perder de vista el respaldo en capital físico, humano y tecnológico que requieren las entidades que cargan con la responsabilidad de luchar contra delitos en constante evolución, como la UIAF, entidad que, dado su papel vital –actual y futuro–, amerita todo el respaldo posible, algo que incluso han señalado en otros contextos, las cabezas de importantes gremios como la Andi y Asobancaria.

La capacidad del Estado para contener la expansión de la delincuencia organizada será esencial, más que nunca, en el posconflicto, momento en el que se generaría una nueva oportunidad para consolidar instituciones funcionales, sólidas y transparentes, que no permitan que el crimen las capture.

No se puede perder de vista que el camino al desarrollo y a la reconciliación puede verse gravemente afectado si empresas y grupos criminales adquieren mayor fuerza, como bien nos ha enseñado la historia de países vecinos que han logrado el fin formal de sus conflictos armados, pero no la paz ni el desarrollo.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto


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