Ricardo Ávila
Editorial

A no bajar la guardia

El desempleo subió menos de lo que se creía el año pasado, pero eso no quiere decir que se pueda dar un parte de tranquilidad al respecto.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
enero 30 de 2018
2018-01-30 08:30 p.m.
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Puede sonar a conformismo, pero lo cierto es que la foto que entregó el Dane ayer con respecto al comportamiento del mercado laboral en Colombia durante el 2017 fue calificada como aceptable por la mayoría de los analistas. Y es que a la luz de la fuerte desaceleración que experimentó la economía en meses pasados, más de uno recordó la conocida expresión de “pudo ser peor”.

Las cifras son elocuentes. El desempleo promedio durante el año que acaba de terminar se ubicó en 9,4 por ciento, con un aumento de dos décimas frente al 2016. Aun así, el Gobierno se apresuró a destacar que por quinta vez consecutiva la tasa se mantuvo en un dígito, algo destacable en un país que tradicionalmente ha estado dentro de los peores de América Latina en esta materia. En la región, por cierto, ese incremento sería de medio punto. Dicho guarismo, sin embargo, esconde dos realidades contradictorias: mientras que en las 13 áreas metropolitanas más grandes se presentó un deterioro, en las ciudades intermedias y áreas rurales el balance fue relativamente positivo.

De acuerdo con los estudiosos del tema, buena parte de las dificultades se concentraron en Bogotá y, en menor grado, en Cali y Medellín. Todo apunta a que la ralentización golpeó con mayor fuerza a las grandes capitales, donde se sintió más la debilidad de la demanda, ante lo cual se afectaron segmentos como el comercio, la industria y la construcción.

Por su parte, el buen desempeño del agro, cuyo comportamiento fue el más dinámico de los diferentes renglones de la producción, ayudó a que el campo le hiciera contrapeso a la crisis. La buena marcha de las cosechas, al igual que factores que también influyeron, como el programa de desarrollo de la infraestructura, permitió que el número de plazas disponible subiera.

En cualquier caso, lo anterior no puede ser interpretado como un parte de tranquilidad. Para comenzar, los expertos señalan que la baja en la tasa global de participación –que mide la proporción de la población dispuesta a trabajar– evitó que el retroceso fuera más notorio. Por qué existe menos gente con ganas de buscar empleo, formará parte de las investigaciones académicas, pero una explicación factible es que más de uno sabe que las posibilidades de ocuparse son bajas en épocas complejas, por lo cual esa persona decide quedarse en la casa o estudiar a la espera de un cambio de viento.

De otro lado, una mirada a la evolución de las cifras mes a mes revela que en la última parte del año las cosas empeoraron notoriamente, aceptando que diciembre acabó siendo menos malo de lo que se pensaba. Esa alerta debería ser tenida en cuenta por las autoridades, pues incluso si el crecimiento repunta un poco en el 2018, el primer semestre puede traer dolores de cabeza para los cuales hay que estar atentos y preparados.

En resumen, el mensaje es que no se puede bajar la guardia. El margen de maniobra para crear iniciativas que demanden mano de obra es poco, al menos en el ámbito nacional. Una de las posibilidades es que las alcaldías aceleren los planes que tienen en salmuera. Para volver al Distrito Capital, el monto de inversiones presupuestadas es elevado, lo cual exige que la velocidad de ejecución sea mayor para que el desempleo en la metrópoli no supere la cota simbólica del 10 por ciento.

No menos importante es conseguir que el consumo aumente. En tal sentido, la reciente decisión del Banco de la República, de volver a bajar su tasa de interés, es un paso en la dirección correcta, así todavía esté por verse si es suficiente para que la demanda interna tome un segundo aire. Solo así se lograría evitar que el panorama de la desocupación empeore mucho más. El 2018 será desafiante, pero de lo que se trata es de minimizar daños en este frente.

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