Ricardo Ávila
Editorial

Actuar a tiempo

Si bien el optimismo es necesario en la coyuntura que enfrenta Colombia, y la región, el realismo debe ser la base de cualquier proyección.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 05 de 2017
2017-07-05 09:23 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

El Marco Fiscal de Mediano Plazo, presentado por el Gobierno, nos debe servir de alerta sobre la realidad de las finanzas públicas en un año electoral. Si bien el optimismo es un sentimiento necesario en la coyuntura que enfrenta Colombia, y la región, no es menos importante que el realismo sea la base de cualquier proyección a corto, mediano y largo plazo. Una sobredosis de entusiasmo, sin aterrizar todos los fundamentos macroeconómicos, puede conducirnos a situaciones dolorosas como país.

En el Marco Fiscal 2017-2018, las perspectivas sobre el precio del petróleo están alejadas de la realidad. Calcular una cotización por encima de los 60 dólares el barril cuando se ve cada vez más lejano superar, de manera sostenida, el umbral de los 50 dólares, no es para nada acertado y, por el contrario, oculta los verdaderos retos fiscales, en términos de ingreso, derivados de una de nuestras principales fuentes.

De otro lado, las expectativas de crecimiento para el 2017 no solo están por encima de las proyecciones del Banco de la República, sino que superan las de la gran mayoría de analistas y grupos de investigación. Lo grave es que la misma situación ocurre para el 2018, considerando que se trata de un año de transición política y, sobre todo, de grandes restricciones en la contratación pública. Proyectar crecimientos del 3,5 por ciento para el años 2018, y del 4 por ciento del 2019 en adelante, sin fundamentos claros, puede ser motivo de desconfianza para las calificadoras de riesgo.

Pero tema no termina ahí. Colombia tiene un déficit fiscal cercano al 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y, según la regla fiscal, debe situarse en el 1 por ciento, en el 2022. Alcanzar esta meta implica un flujo bastante alto de ingresos en los próximos años, en medio de grandes presiones de gasto como los prometidos en el posconflicto, las demandas en los sectores de salud, educación, seguridad, justicia, vivienda y primera infancia, por solo mencionar algunos.

En pocas palabras, no se ve realista cumplir la meta trazada en la regla fiscal sin conducir el país a un doloroso ajuste que puede culminar en una explosión de protestas sociales. Lo responsable en este caso es que la propia cartera de las finanzas públicas diseñe una estrategia en este último año para hacer viable el cumplimiento de los objetivos nacionales.

Estos interrogantes surgen en momentos en los cuales la deuda neta del Gobierno Central como proporción del PIB pasó del 33 por ciento, en el año 2012, a cerca de 44 por ciento, en el 2016. Aunque esta situación tenga algunas explicaciones en el panorama cambiario, no deja de inquietar a quienes están especulando sobre el verdadero margen de maniobra que le quedará al siguiente gobierno.

No hay duda de que el Marco Fiscal de Mediano Plazo, que es la brújula de las finanzas públicas, tiene unas proyecciones demasiado optimistas. En cuanto a las vigencias futuras, no se contabilizan como deuda, a pesar de tener todas las características, y mucho menos se tiene en cuenta que el próximo gobierno requiere de herramientas reales para detonar el crecimiento y responder a todos los temas pendientes que heredará de la actual administración.

Es momento de actuar a tiempo, y que el Ministerio de Hacienda deje al país con una senda realista de recuperación de las finanzas públicas del país, de lo contrario vendrán sudor y lágrimas.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado