Ricardo Ávila Alarmas donde no toca Octubre 4 de 2017 | Editorial | Opinión | Portafolio
Ricardo Ávila
Editorial

Alarmas donde no toca

Rasgarse las vestiduras en torno a Propilco es inútil. No vale la pena sembrar sombras de duda que no tienen fundamento real, mientras hay otras prioridades pendientes.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
octubre 03 de 2017
2017-10-03 08:16 p.m.
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La definición que da la Real Academia para acucioso es “diligente, solícito, presuroso”, aunque también el término quiere decir “movido por deseo vehemente”. Entrar dentro de alguno de esos dos significados puede haber sido el propósito de la Contraloría General de la República, que ayer agitó las aguas en los medios de comunicación cuando entregó un documento sobre Propilco, conocida hoy como Esenttia, perteneciente al conglomerado de Ecopetrol.

En pocas palabras, el ente de control fiscal lanzó una alerta sobre lo que se presentó como un muy mal negocio para la nación. Para cualquier lector desprevenido, la venta de la empresa por un valor similar al de la compra volvía a ratificar la impresión de que aquí también habría gato encerrado, tras los escándalos de Reficar y Bioenergy.

La polémica, sin embargo, murió rápido. El motivo es que la enajenación se había congelado hace meses cuando los precios del petróleo empezaron a recuperarse. De hecho, la resolución del Consejo de Ministros en el cual se iba a establecer el valor mínimo por acción no se llegó a discutir, ni mucho menos a aprobar. Por tal razón, el debate no se pudo hacer por simple sustracción de materia.

Dicho lo anterior, el trabajo de la Contraloría sirve para mirar, en contexto, lo sucedido con esta compañía “dedicada a la producción y comercialización de materias primas esenciales para la industria del plástico como Polipropileno, Polietileno y Masterbatch”, según lo afirma su información corporativa. El motivo es que la adquisición de la planta, ubicada en Cartagena, fue en su momento causa de mucha polémica, pues los 690 millones de dólares cancelados a los grupos Sanford y Santo Domingo, en diciembre del 2007, estuvieron por encima de lo que algunos analistas consideraron como razonable.

Devolverse a por qué se pagó hace diez años el equivalente de tres veces el valor en libros de la firma, o un múltiplo de 18 veces sus utilidades antes de impuestos, intereses y depreciación, no aporta mucho a la discusión actual. Lo que es importante es mirar cómo han evolucionado las cosas, con el fin de evaluar si la operación le ha añadido valor o no a la petrolera de mayoría estatal.

A este respecto, el estudio de la Contraloría aporta buenas luces. La mirada es relevante porque no solo incluye el costo de quedarse con Propilco, sino las inversiones realizadas con el fin de ampliar la capacidad instalada. No menos importante es hacer cuentas de que, en su momento, los diseños de la refinería de Cartagena se modificaron con el propósito de que esta abasteciera a la fábrica vecina. A dólares de hoy, todo suma 949 millones que equivalen a 2,8 billones de pesos.

Por su inversión, Ecopetrol recibió en dividendos 523.270 millones de pesos, hasta el año pasado. Más interesante tal vez es que Esenttia ha mejorado sus márgenes de manera significativa, como resultado de los esfuerzos orientados a recortar costos y aprovechar sinergias. Sin ir más lejos, la rentabilidad sobre el patrimonio alcanzó 18,6 por ciento en el 2016, un nivel más que aceptable.

A la luz de esa evolución, eventualmente habrá que dar el debate sobre si el capital público debería estar en la fabricante de propileno o si los recursos provenientes de una eventual venta podrían destinarse a otras inversiones o disminuir deuda. Pero esa discusión solo podrá hacerse cuando el gobierno decida sacarla al mercado y una vez se fije el precio.

Como ninguna de esas condiciones se cumple hoy en día, rasgarse las vestiduras en torno a Propilco es inútil. No vale la pena, entonces, desgastarse en sembrar sombras de duda que no tienen fundamento real, mientras hay otras prioridades pendientes. Tal vez si hubiera sido más acuciosa la Contraloría habría descubierto que encendió las alarmas sobre algo que pudo ser, pero no fue.

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