Ricardo Ávila
Editorial

Ambición, pero con reglas

La salida del cargo del presidente y fundador de Uber, deja lecciones que no deberían ser ignoradas por los emprendedores.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 21 de 2017
2017-06-21 09:07 p.m.
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La compañía no completa una década de creada. Sin embargo, su operación varió de manera radical la manera en que millones de personas se transportan todos los días en los cinco continentes, convirtiéndose, de paso, en un caso emblemático de éxito para emprendedores del mundo entero.

El nombre de la firma es Uber, que no necesita presentación. Ayer volvió a ocupar los titulares de la prensa, y no por temas relacionados con su razón de ser, sino por la renuncia de su creador, Travis Kalanick, a la presidencia de la sociedad que tiene como sede la ciudad californiana de San Francisco.

La salida fue exigida por al menos cinco accionistas importantes. Desde hace meses la temperatura venía subiendo, debido a que diferentes reportes revelaron la existencia de una cultura en la cual había poco respeto por ciertas normas. En lo que respecta al clima interno, existía una fijación en resultados que se traducía en una inmensa presión sobre los ejecutivos. Peor todavía, acabó siendo la evidencia con respecto a múltiples casos de abuso sexual, para no hablar de relaciones indebidas entre jefes y subordinados.

A lo anterior se añadieron las investigaciones sobre el uso de tácticas orientadas a evadir la acción de las autoridades en múltiples países. Lejos de aceptar una prohibición a la hora de prestar el servicio o limitaciones en el momento de utilizar la aplicación, la respuesta acabó siendo el uso de estrategias agresivas, difíciles de disimular. Tampoco salió bien el reporte de que se habría apropiado indebidamente de parte de lo hecho por Google, que ha invertido millones en el desarrollo de carros sin conductor.

Los escándalos acabaron pasando su cuenta de cobro. En Estados Unidos, sin ir más lejos, la participación de Uber en el mercado cayó siete puntos porcentuales en los pasados cinco meses. Videos, denuncias y declaraciones salidas de tono llevaron a que más de un usuario prefiriera otras opciones, lo cual se tradujo en sacrificio de ingresos.

Tales tropiezos no empañan el éxito de la compañía. Valorada en 70.000 millones de dólares y con ventas que mejoran trimestre a trimestre, es todavía el referente por excelencia a la hora no solo de tomar un vehículo para ir de un punto a otro, sino de las promesas de la nueva economía. Un futuro en el cual el cruce de la oferta y demanda de servicios conduzca a una asignación más eficiente de los recursos, reduciendo los intermediarios, cuenta con muchos partidarios.

No obstante, la salida de Kalanick tiene implicaciones que van mucho más allá del futuro de una empresa que ha hecho múltiples actos de contrición y promete corregir todo lo que está mal. El propósito es diferenciar entre la agresividad a la hora de hacer negocios y el respeto por las reglas de juego, algo que pasa por nuevos integrantes de la junta directiva y el nombramiento de otro equipo.

Para el mundo exterior, lo importante es demostrar que los fundadores de una firma, por exitosa que sea, no son infalibles. En tal sentido, es importante usar los conocidos pesos y contrapesos, algo que posiblemente desemboque en un esquema de toma de decisiones menos vertical y más colegiado, sin llegar a la inacción.

Quizás más trascendental todavía, es recordar que el fin no justifica los medios, una lección que también debe ser entendida por los inversionistas. El esquema de fondos de capital privado que buscan maximizar la rentabilidad, viene acompañado de ventajas y peligros. La rapidez en el tiempo de respuesta no puede llevar a ignorar las regulaciones ni a tomar atajos, pues el escrutinio acabará volviéndose público.

En conclusión, lo ocurrido con Uber sugiere que el capitalismo salvaje asociado al emprendimiento, necesita límites. No hay duda de que la creatividad tiene un gran componente de ambición, pero expedir cheques en blanco es peligroso e impide que las cosas lleguen buenamente a su destino.

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