Ricardo Ávila
Editorial

Cada vez con más canas

Tal como le sucede al resto de América Latina, la población colombiana avanza en un proceso de envejecimiento inexorable.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
julio 10 de 2017
2017-07-10 09:08 p.m.
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Durante décadas, los colombianos han tenido la impresión de formar parte de una sociedad joven. Así el tamaño promedio de los hogares haya bajado, es claro que los menores de 25 años pertenecen al grupo poblacional más grande. La alta incidencia de embarazos adolescentes contribuye a esa realidad.

Sin embargo, la situación demográfica del país es muy diferente. De hecho, de acuerdo con la Cepal, queda poco para que primen los adultos y ancianos.

En tal sentido, nuestro caso no es distinto a lo que se ve en el resto de América Latina. “El envejecimiento acelerado de la población pasa a ser la tendencia demográfica más relevante en la región”, dijo un reciente informe de la entidad adscrita a Naciones Unidas, que a finales de junio organizó una conferencia sobre el tema. A pesar de las obvias diferencias entre países y entre zonas urbanas y rurales, el panorama es común: por causa de menores tasas de fecundidad, y mayor esperanza de vida, la norma, y no la excepción, es la de las arrugas.

Las cifras son elocuentes. En el 2017, el 11,8 por ciento de los latinoamericanos y caribeños tienen 60 años de edad o más, lo que equivale a 76 millones de personas. Dentro de dos décadas, esa proporción llegará al 20 por ciento, la misma que la de los menores de 25 años.

Colombia, por su parte, cuenta hoy con más de 5,2 millones de miembros de la tercera edad, que corresponden al 11 por ciento de la población total. Según la Cepal, estamos en una etapa “moderadamente avanzada” de envejecimiento, junto a Argentina, Brasil, El Salvador, Jamaica y otras islas del Caribe. Hoy somos primordialmente juveniles, pero para el 2030 se pronostica nuestra entrada a la categoría de sociedad adulta joven.

El estado demográfico, actual y futuro, de una nación no es un asunto de poca monta. Los servicios públicos y las demandas sociales que requiere un país joven, como educación y empleos, son distintos de los de una sociedad con más años.

Una economía con una creciente cantidad de adultos mayores necesita prestar mayor atención a sus sistemas de salud y pensiones, así como a otras políticas de inclusión, discapacidad y de ingresos complementarios. Las tensiones y las prioridades, propias de una sociedad más madura, no se limitan a los servicios sociales, también tocan los impuestos, el peso fiscal e incluso las preferencias políticas de los ciudadanos.

El debate no es conceptual, sino parte de la vida cotidiana y tangible de millones. Un latinoamericano de más de 60 años de edad tiene una expectativa promedio de vivir unos 22 adicionales. Esto implica un número más alto de visitas al médico, de hospitalizaciones, de más tiempo de pensión y, en caso de carecer de ella, una creciente vulnerabilidad de ingresos. En el 2015, la tasa de pobreza de los adultos mayores de 65 años en Colombia era de 44,7 por ciento, casi 17 puntos más que la media nacional. A esto se añaden las necesidades de las personas que sirven como cuidadores de estos ancianos.

Que los colombianos están envejeciendo a un ritmo más rápido del esperado no es sorpresa para las entidades del Gobierno ni para organizaciones de la sociedad civil dedicadas a estos asuntos, como la Fundación Saldarriaga y Concha. Los distintos estudios, así como las políticas debatidas en los ámbitos nacional, regional y municipal, muestran un diagnóstico que lo único que hará será empeorar las falencias actuales. Programas de ayuda como Colombia Mayor y de subsidios de aportes a la pensión son valiosos, pero insuficientes.

La vejez está hace rato convertida en un factor de desigualdad social y económica, y una condición que reduce el ejercicio de los derechos humanos de la población. El país está en mora de sembrar las semillas de una política pública necesaria y en sostenible para una nación que no cesará de encanecer, de ahora en adelante.

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