Ricardo Ávila
Editorial

Colombia no repunta

El recorte hecho en la proyección sobre el crecimiento de la economía del país por parte del Emisor, es un campanazo de alerta.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
mayo 01 de 2017
2017-05-01 03:11 p.m.
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Aunque la noticia obvia después de la junta directiva del Banco de la República, el viernes pasado, fue la reducción en medio punto porcentual de la tasa de interés que cobra la entidad, los observadores no pasaron por alto otro pronunciamiento. Se trató de la baja del pronóstico de expansión de la economía colombiana para el 2017, que ahora es de 1,8 por ciento como cifra más probable.

La explicación de las razones del recorte en la proyección se encuentra en el comunicado expedido por el Emisor: “En Colombia, indicadores recientes de actividad económica como las ventas al por menor, la producción industrial y la confianza del consumidor sugieren un debilitamiento de la economía en el primer trimestre del año más pronunciado que el previsto”. Puesto de manera coloquial, el 2017 comenzó con el pie izquierdo, y cada vez parece más difícil recuperar el terreno perdido.

De confirmarse el cálculo del Banco, el panorama bien podría calificarse de inquietante. No solo la recuperación esperada por la mayoría de los analistas no se produciría, sino que el proceso de ralentización que viene desde el 2015 sería todavía más notorio. En lugar de haber tocado fondo el año pasado, se abre la posibilidad de otro ejercicio decepcionante, lo cual conlleva el riesgo de que la tasa de desempleo empiece a aumentar de manera evidente.

Evitar que dicho escenario se convierta en realidad debe ser la prioridad de las autoridades en los meses que vienen. Darle un giro a la tendencia no es fácil, sobre todo porque hay elementos de orden subjetivo que influyen en el clima de la inversión y el comportamiento de la demanda.

Hay un sentimiento pesimista entre los consumidores que afecta los patrones de compra de los hogares. La impresión de que la situación no está fácil y que se pondrá peor, influye sobre decisiones que van desde la adquisición de electrodomésticos o vehículos, hasta la manera en que se hace mercado, incluyendo el apetito por marcas premium.

Las causas del deterioro en el ánimo de la gente son variadas. Los conocedores mencionan el impacto de la reforma tributaria, que redujo la capacidad adquisitiva de las familias, al igual que los escándalos de corrupción que crean incertidumbre. Una menor credibilidad en las instituciones lleva a la opinión a adoptar una actitud defensiva en el manejo de sus finanzas, ante la convicción de que ‘el palo no está para cucharas’.

Mientras eso ocurre, el discurso gubernamental es percibido como alejado de la realidad. El intento de insuflar optimismo logra, en ocasiones, el efecto contrario, pues la ciudadanía siente que no vive en ese país de las maravillas que pintan los pronunciamientos oficiales.

Por otro lado, los datos muestran que el impulso que se esperaba de estrategias como la de ‘Colombia repunta’ no se siente, por lo menos todavía. Los reportes del sector manufacturero son malos, al igual que las ventas de los almacenes. La esperanza de que la locomotora de la infraestructura sea la que tire de las demás actividades se pospuso, al menos hasta que se despejen las dudas que sembraron los sobornos de Odebrecht.

En medio de tan complejas circunstancias, el recorte en el costo de los fondos que provee el Banco de la República, es un paso en la dirección correcta. Aun así, la tasa del 6,5 por ciento anual sigue en aquello que los especialistas describen como ‘terreno contractivo’. En otras palabras, el costo del dinero, en términos reales -descontada la inflación-, aún está por encima de la media histórica, por lo cual es necesario que baje más si la intención es estimular la demanda interna.

El viernes, el Emisor habló de “la creciente debilidad de la actividad económica y el riesgo de una desaceleración excesiva”. Para que ese riesgo no se convierta en realidad, es obligatorio reaccionar, pero no con las mismas fórmulas agotadas, sino con otras que sean efectivas.

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