Ricardo Ávila
Editorial

Colombia, según Stiglitz

Para el Premio Nobel de Economía, el país ha superado grandes retos, pero todavía le falta una buena parte de la plana.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
septiembre 03 de 2017
2017-09-03 04:10 p.m.
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A veces hace falta un Premio Nobel para poner en perspectiva la importancia de un partido de fútbol. Así quedó claro la semana pasada en Cartagena cuando Joseph Stiglitz, galardonado por la academia escandinava en el 2001, consiguió que el auditorio presente en la asamblea de Camacol se quedara a escucharlo, a pesar de que a la misma hora Colombia y Venezuela estaban jugando en San Cristóbal.

Conocido el resultado y la manera en que se desempeñó el combinado nacional, parece que quienes oyeron al académico estadounidense salieron triunfadores. El motivo es que los planteamientos hechos sirvieron para reflexionar sobre el entorno global, pero especialmente con respecto al futuro del país.

De acuerdo con el profesor de la Universidad de Columbia, hay una lección derivada de la elección de Donald Trump. Esta consiste en que ignorar el bienestar de una porción importante de la ciudadanía crea riesgos de todo tipo, en especial porque el supuesto desarrollo por goteo no funciona. Dicho de otra manera, no basta con una buena tasa de crecimiento si las divisiones sociales aumentan.

El punto es válido a raíz de los elevados índices de desigualdad que hacen de esta una de las naciones más inequitativas del mundo. Es verdad que la brecha se redujo en años recientes, pero falta un enorme trecho por recorrer.

Junto a lo anterior, Stiglitz advirtió sobre el peligro de la conocida “maldición de los recursos naturales”. No hay duda de que contar con riquezas en el subsuelo es importante, pero la bonanza petrolera reciente fue mala para la meta de diversificar fuentes de prosperidad, además de crear complacencia que se tradujo en el aplazamiento de reformas clave. Si vuelven a subir los precios de los bienes primarios, hay que saber usar los ingresos extraordinarios de manera más responsable, tal como pasa en un puñado de países.

Por otra parte, el Nobel insistió en que la firma del acuerdo con las Farc viene acompañada de desafíos y oportunidades sin precedentes. Indudablemente, el conflicto trajo costos de todo tipo que empobrecieron a la sociedad colombiana, pero el mensaje es que el dividendo de la paz no es automático, pues exige sacrificios fiscales y un esfuerzo sostenido, no solo para impulsar el campo, sino para lograr una cohesión nacional.

Llegar allá obliga a reconocer los desafíos de corto y largo plazo. Con respecto a los primeros, el punto que más llamó la atención fue el señalamiento de que la política fiscal ha tenido carácter contraccionista, ya que tanto el aumento en el IVA como el recorte del gasto público no le ayudan a la marcha de la economía. En tal sentido, el académico recordó que una expansión de la inversión estatal, financiada por impuestos adecuados, es expansionista y ayudaría a mejorar la distribución del ingreso.

Tampoco fue ignorado el planteamiento en el sentido de que Colombia requiere de varios pilares para aumentar su tasa de crecimiento. La vieja receta de centrarse en la industria no necesariamente tiene validez ahora, pues el ramo manufacturero pesa cada vez menos en la generación de puestos de trabajo como consecuencia de la automatización.

Lo anterior no quiere decir que el ramo fabril deba ser ignorado, sino que hay que concentrarse en agregarle valor a los productos básicos que el país posee, aparte de apostarle a la agricultura y reconocer que el de los servicios es el sector del futuro. Aquí la asignatura pendiente es la de mejorar, de manera sustancial, la productividad, una tarea en la que no hemos podido avanzar en tiempos recientes.

Finalmente, el segmento de la construcción no puede faltar en la ecuación, tanto a la hora de atender el déficit de vivienda como de mejorar la infraestructura y diseñar mejor las ciudades. Los desafíos no son pocos, pero Stiglitz reiteró su optimismo en una nación que ha superado enormes obstáculos, pero a la cual le falta aún buena parte de la plana.

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