Ricardo Ávila
Editorial

Comienza la etapa larga

El desarme de las Farc es una gran noticia para el país, pero el éxito del proceso de paz no se encuentra garantizado.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
junio 27 de 2017
2017-06-27 09:19 p.m.
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A pesar de que nadie esperaba celebraciones callejeras, no faltaron los comentarios de los corresponsales extranjeros con respecto a la apatía de los colombianos que ayer pudieron seguir por televisión un acto histórico y protocolario, que contó con la presencia del presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, jefe máximo de las Farc. Ocurrido en Mesetas (Meta), el evento marcó el final del grupo guerrillero como organización armada, tras más de medio siglo de existencia.

Según lo informó el jefe de la misión de Naciones Unidas, a lo largo de las semanas pasadas fueron entregadas 7.132 armas individuales, que ahora reposan en contenedores cerrados bajo la supervisión del organismo. Eventualmente, ese arsenal será convertido en esculturas que simbolizarán la conclusión del conflicto interno más largo en la historia de Colombia, el mismo que dejó una larga historia de destrucción, desplazamiento forzado y muerte.

Pero más allá de los detalles operativos, lo que salta a la vista es la indiferencia del público, explicada, en parte, por las teorías de la conspiración que tienden un manto de duda sobre todo lo conseguido. Incluso analistas que, al hablar de otros temas, usan el rigor y la ponderación, siembran interrogantes que deslegitiman un proceso polémico e impopular.

Es de esperar, sin embargo, que los hechos se impongan y que los escépticos acepten que aquello que parecía imposible finalmente se logró. Habrá, claro, una franja de la opinión que jamás creerá nada distinto a lo que dicen las voces más radicales, pero es probable que ese sector forme parte de la minoría más pronto que tarde.

Mientras eso sucede, vale pena recordar que faltan muchas tareas pendientes. Construir la paz es un propósito de largo aliento que exige el esfuerzo de varios gobiernos, con el fin de crear una sociedad más equitativa, en la que se reduzcan, entre otras, las brechas que separan al campo de la ciudad. Nada va a ser automático, así la salida de circulación de miles de fusiles y pistolas desactive una importante fuente de violencia.

Por la tal razón, el Ejecutivo está en la obligación de mejorar las labores tendientes a ocupar los espacios dejados por las Farc y evitar que otros grupos impongan su ley, a sangre y fuego. No menos fundamental es evitar que la guerra sucia retorne, sobre todo cuando la que comienza es una lucha política, en la cual deben importar los argumentos, sin la presencia de las balas.

En el mejor de los casos, un buen desarrollo de los acuerdos de La Habana permitiría no solo fortalecer nuestra democracia, sino aprovechar enormes oportunidades en el plano económico. Aparte de habilitar vastas áreas del territorio para la llegada de inversiones productivas, se lograría la incorporación a las corrientes de consumo de millones de personas, sometidas hoy al atraso y la marginalidad.

Ello exige inversiones importantes en aquello que los expertos describen como bienes públicos. Vías secundarias y terciarias, distritos de riego y asistencia técnica agropecuaria forman parte de un menú que se debe complementar con servicios de justicia y educación, que lleguen a las áreas más apartadas del territorio.

Los cálculos de diferentes expertos hablan de un dividendo derivado de la paz, que oscilaría entre 0,3 y un punto porcentual y medio más de crecimiento anual. Cuando se observa lo que ha sucedido en más de dos docenas de naciones, que superaron sus respectivas confrontaciones internas, es evidente que el ritmo del Producto Interno Bruto subió en todos los casos.

No obstante, hay que insistir en que ese rédito no está garantizado. Lo sucedido ayer es muy importante, pero los desafíos apenas comienzan, y lo que es clave para superarlos es que el público conozca y exija que las cosas se hagan bien. La indiferencia y, peor aún, el cinismo, es lo que menos le conviene a la larga etapa que ahora comienza.

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