Ricardo Ávila
Editorial

Con destino al congelador

Tanto la falta de avance en las diferentes negociaciones pendientes, como el tono de la campaña, hacen pensar que no vendrán más TLC.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
mayo 10 de 2018
2018-05-10 08:43 p.m.
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Afirmar que no corren vientos favorables para el libre comercio, suena por estos días como una verdad de Perogrullo. Las ráfagas proteccionistas desatadas por Donald Trump son la amenaza más concreta al esquema de promover el intercambio de bienes y servicios que se convirtió en el estándar global en décadas recientes. Aunque todavía no están en firme, las barreras levantadas por Washington en contra de las importaciones de bienes de aluminio y acero son un campanazo de alerta para más de un centenar de países, al cual se le suman las fuertes sanciones dirigidas a China.

Nadie sabe a ciencia cierta cuál va a ser el desenlace de esta historia, la prognosis dista de ser la mejor. Obstáculos aquí y limitaciones allá pueden poner en marcha un círculo vicioso que le acabaría pasando factura a la economía mundial. Si bien hay un grupo importante de países que mantiene su compromiso de no cerrar puertas, el discurso de que los desequilibrios exagerados a nivel binacional son intolerables empieza a calar en varios continentes.

Los cuestionamientos a déficits comerciales abultados, también se escuchan en la campaña presidencial. En mayor o menor grado, los diferentes candidatos expresan inquietudes porque el saldo en rojo de nuestra balanza comercial es deficitario o critican el impacto que tiene la competencia externa sobre la producción local. Industriales y agricultores señalan que a veces es imposible ser rentables porque nuestros costos son mayores, consiguiendo, en ocasiones, que persistan mecanismos arancelarios o administrativos que le dan una mano al fabricante local, así el consumidor tenga que pagar la cuenta.

Y aunque tal parecería que la probabilidad de denunciar los TLC ya suscritos es baja, a veces se habla de renegociar tal o cual capítulo. Además, nadie parece dispuesto a firmar un nuevo pacto, por más promisorio que parezca.

En términos prácticos, eso quiere decir que los acuerdos comerciales que todavía se están negociando parecen estar destinados al congelador. Incluso si se llegara a tener humo blanco en alguno de los casos pendientes, queda por verse si la administración que viene se tomará el arduo trabajo de mandar el texto al Congreso para que este proceda a su ratificación, requisito indispensable para cualquier tratado internacional, aparte de aguantarse las críticas de sectores de la ciudadanía.

Para hablar con nombre propio, eso le pone un enorme signo de interrogación al desenlace de las conversaciones con Turquía, que ya habían entrado en una especie de limbo. Tampoco se ve bien lo que pueda pasar con Japón, entre otras razones, porque la delegación nipona hizo una oferta de apertura de su mercado que algún dirigente calificó de irrisoria.

No menos complejo es lo que sucede en el seno de la Alianza del Pacífico, que permitiría la adhesión de Canadá, Nueva Zelanda, Australia y Singapur al esquema de integración profunda que componen Colombia, Chile, México y Perú. Más allá del entusiasmo de las declaraciones oficiales, han aparecido tropiezos que ponen en duda la meta de conseguir un entendimiento para julio, pues las propuestas en materia agrícola son una verdadera piedra en el zapato. De ahí a radicar un proyecto de ley en el Capitolio habría mucho más que un paso, que además tendría un pronóstico reservado.

Ante tales dificultades, están dadas las condiciones para que los grupos de presión que representan a aquellos que se sienten damnificados por los intentos de apertura hagan llamados para que no se siga alborotando el avispero. Es verdad que todavía está por verse qué curso toman las aguas, pero entre las dudas de unos y las quejas de otros, todo apunta a mantener el statu quo, en el mejor de los casos, lo que equivale a no más TLC, por ahora.

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