Ricardo Ávila
Editorial

Con la meta a la vista

El Regiotram de occidente, el metro capitalino y las fases dos y tres del Transmilenio en Soacha, son obras que hay que darles la oportunidad y el tiempo para culminarlas.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
noviembre 09 de 2017
2017-11-09 09:44 p.m.
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El de ayer bien podría calificarse como un día histórico para la movilidad y la propia economía de la Sabana de Bogotá. El motivo es la firma del convenio de cofinanciación de tres proyectos clave por un monto que no tiene antecedentes. En total, la Nación contribuirá con vigencias futuras por 17,1 billones de pesos para estas tres iniciativas: el Regiotram de occidente, el metro capitalino y las fases dos y tres del Transmilenio en Soacha.

Esto es, sin duda, una buena noticia para los casi 10 millones de personas que habitan en la zona. Para comenzar, el tren ligero entre Bogotá y Faca tendrá una extensión de 41 kilómetros y 17 estaciones, y movilizará unos 125 mil pasajeros. Está planeado que se integre con el sistema de transporte masivo y se conecte con el aeropuerto ElDorado. Entre los beneficios que dejará la obra están reducciones en la congestión del tráfico, en los tiempos de desplazamiento y en la contaminación ambiental.

En cuanto al metro y Transmilenio, hasta los escépticos reconocen que el anhelo de tenerlos está más cerca que nunca. No obstante, hay que lamentar que en lugar del júbilo ciudadano, que sería lógico esperar, ambas iniciativas se encuentran en la mitad del pulso político que encabezan los candidatos presidenciales Jorge Robledo y Gustavo Petro. En lugar de reconocerle a Enrique Peñalosa su tenacidad para meterle el hombro y hacer viable una meta que no habría sido posible de otra forma, muchas personas creen que la solución no es la adecuada.

La dudas parten de los problemas actuales. Transmilenio, otrora un ejemplo para otras ciudades, es víctima del rezago en la ampliación de sus troncales. Muchos usuarios resienten su sobrecupo y su inseguridad, entre otras críticas.

Por su parte, el metro ha sido vendido como la vara mágica que solucionará todos los trancones de la urbe. Sin razón, se ha creado una falsa disyuntiva que sirve, ante todo, para agitar el ambiente e impulsar los propósitos electorales de los candidatos de izquierda, que así tapan su fracaso como administradores de la metrópoli.

Este tóxico ambiente se enrarece aún más con la promoción de una revocatoria del mandato del Alcalde de Bogotá. La agenda de movilidad está en el corazón de los ataques políticos contra Peñalosa, ya que constituye uno de los sellos más distintivos de su modelo de ciudad. Ello explica por qué brilla por su ausencia el beneplácito ante la decisión del Confis de garantizar más de 15,6 billones de pesos para las dos obras, junto a la del Concejo bogotano de aprobar vigencias por más de 6 billones.

Como en cualquier área de política pública, en la movilidad cada mandatario estudia los problemas que enfrenta y decide entre alternativas con restricciones técnicas, presupuestales y, en algunos casos, políticas y jurídicas. El gobierno Santos y las administraciones del alcalde Peñalosa y del gobernador Jorge Rey han optado por este paquete de tres iniciativas para mejorar e integrar la movilidad de Bogotá y la sabana de Occidente. Se han surtido exitosamente varias etapas de diseño, evaluación técnica y consecución de recursos, no obstante, quedan pendientes otros pasos dentro de la estructuración financiera, legal y técnica antes de abrir el primer hueco.

Tanto la primera línea del metro como el Regiotram han mostrado avances que los tienen bien encarrilados. Aunque faltan varios años para que cada uno de estos proyectos entre en operación, las rutas para que se hagan realidad están claras en los frentes jurídicos, técnicos y de recursos. La ciudadanía capitalina y cundinamarquesa, así como los expertos y los medios de comunicación, no pueden perder la vigilancia a estas iniciativas multimillonarias y de alto impacto. El pulso político no parará, pero a estas obras hay que darles la oportunidad y el tiempo para llegar a feliz término.

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