Ricardo Ávila
Editorial

Dos pasos adelante

La entrada de las Farc a la arena política y el anuncio de un cese del fuego bilateral entre el Gobierno y el Eln, no se pueden ignorar.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
septiembre 04 de 2017
2017-09-04 09:07 p.m.
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En medio del clima de opinión negativo que identifica a la mayoría de los colombianos desde hace meses, es fácil relegar a un segundo plano dos noticias relacionadas con la paz. Si bien la pugnacidad de unos meses atrás no es tan evidente, ahora partidarios y opositores de los procesos de negociación sacarán a la luz sus diferencias cuando comience en forma la contienda electoral del 2018.

En el entretanto, la realidad muestra que no es estática. Una prueba de ello tuvo lugar la semana pasada, cuando las Farc terminaron en Bogotá su primer congreso,con el cual entraron de lleno en la arena política. El evento incluyó discursos y debates, además de un concierto de cierre en la plaza de Bolívar de la capital, cuyo episodio más polémico acabó siendo la proyección del logo del nuevo partido sobre la pared de la catedral primada.

Al respecto no faltaron los comentarios despectivos de quienes preferirían ver a Rodrigo Londoño y sus compañeros tras las rejas, pero aquellos que apoyaron las conversaciones de La Habana respondieron que el objetivo central de estas se cumplió: la que fuera una de las organizaciones más sanguinarias del hemisferio confirmó que la lucha pasó de las balas a los votos. Aunque nunca faltarán las teorías de conspiración, ahora empieza el arduo trabajo de convencer a los electores haciendo uso de la razón y no de la fuerza.

En ese propósito, es claro que las Farc prefirieron mirar hacia adentro y no hacia afuera. Conservar el acrónimo que la inmensa mayoría de los colombianos detestan deja en claro que, por ahora, el esfuerzo está orientado a preservar las bases tradicionales del movimiento y no a ganar adeptos.

Faltará conocer la conformación de las listas para mirar si vienen sorpresas en lo que atañe a una renovación. Entre tanto, pareciera que la recién creada colectividad enfrenta los dilemas de otras ya existentes: romper con el pasado o seguir en las mismas. De todas maneras, los observadores externos reconocieron que la hoja de ruta trazada avanza según lo prometido.

Tampoco se puede pasar por alto el comunicado expedido en Quito ayer, referente a un cese del fuego bilateral que compromete al Gobierno y al Eln. Irse lanza en ristre en contra de silenciar los fusiles es sencillo, dados los excesos de un grupo al que no le tiembla la mano al momento de asesinar inocentes o dinamitar el oleoducto que nace en Arauca, a pesar del holocausto ecológico de tantos años.

No obstante, una medida como la adoptada es clave para las zonas más afectadas por las hostilidades, que pueden aspirar a condiciones de vida en las que prime la normalidad, al menos temporalmente. En el mejor de los casos, la población podrá sentir, en carne propia, que sin violencia hay más oportunidades de progreso, haciendo presión para que los diálogos en Ecuador lleguen a feliz término.

En este caso, siempre y cuando se respeten los compromisos adquiridos, se dará un paso hacia adelante. El desafío es convertirlo en definitivo, objetivo muy complejo debido a factores como la forma de tomar las decisiones entre los elenos, la situación de Venezuela o las realidades en la zona de frontera, presas de la ilegalidad y el desgobierno.

Es posible, claro, que las cosas no resulten y se vuelva obligatorio dar marcha atrás. Pero el peligro de retornar al pasado no es un argumento para cerrarle de lleno la puerta al futuro.

Así las cosas, el papa Francisco va a encontrar un país distinto al que existía cuando incluyó a Colombia en su cronograma de viajes. Nadie dice que resolver los acertijos que quedan sea sencillo, pero tampoco era fácil llegar hasta donde estamos. Y eso se ve desde la lejana Roma.

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