Ricardo Ávila
Editorial

El enemigo es otro

La aparición de un brote de aftosa en Arauca debería ser motivo de un frente común entre los ganaderos y el Gobierno.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 29 de 2017
2017-06-29 08:45 p.m.
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No son pocos los ceños fruncidos entre los ganaderos colombianos, después de que el ICA reportó, el fin de semana pasado, la aparición de un foco de fiebre aftosa en un hato localizado en el municipio de Tame, en Arauca. Como consecuencia, la entidad procedió al sacrificio de las siete reses contaminadas por el virus que causa aftas o vejigas en boca y cascos de los animales de pezuña hendida y al de 290 vacunos más que pastaban en los potreros de la zona.

La esperanza de las autoridades es que esa medida, combinada con controles que crean varios círculos de protección y contención de la enfermedad, evite que esta se propague. Si las cosas salen bien y durante la cuarentena –que también se extiende a las poblaciones de Hato Corozal y Paz de Ariporo, en Casanare– no hay reportes adicionales de contaminación, las cosas volverían paulatinamente a la normalidad.

Sin embargo, los costos de la emergencia serán cuantiosos. Unaga –gremio del sector– calcula que las pérdidas podrían ascender a 34.775 millones de pesos, de los cuales el 81 por ciento correspondería a los productores de carne y el saldo a los de leche. La suma sale de agregar efectos directos, indirectos y colaterales. Puesto de otra manera, aparte de la muerte de un número importante de cabezas, está la veda en la movilización y extracción de cerca de 3.000 animales.

No obstante, la mayor cuantía corresponde a las eventuales consecuencias sobre el mercado interno y las exportaciones. En lo que atañe al primero, ya comienza a hablarse de que los precios deberían bajar, pues habría una oferta más grande de reses para el consumo local. Al respecto, seguramente habrá una polémica, pues mientras unos hablan de una realidad, otros dicen que hay especulación con el fin de pagar menos.

Todo dependerá de lo que pase con los compradores externos. A pesar de que países como Ecuador, Panamá, Chile y Perú suspendieron sus adquisiciones de cárnicos y lácteos, solo este último tiene peso en las estadísticas. Debido a ello, hay una ofensiva diplomática orientada a evitar más moratorias, pues lo que se vende afuera sale de la Costa Atlántica, ubicada a centenares de kilómetros de Arauca.

Por otra parte, está la discusión sobre qué tanto pesa esa actividad en las cuentas finales, considerando que el hato ganadero llegó a más de 22 millones de cabezas en 2016, según el Dane. De acuerdo con la entidad, el año pasado se sacrificaron 3,6 millones de reses, de las cuales 133.738 se enviaron a otras latitudes. A esa cifra hay que agregarle 78.428 unidades en pie, lo cual quiere decir que lo que se exporta representa menos del 6 por ciento del consumo interno. Bajo esa óptica, si no hay más países que pongan barreras, el efecto sería imperceptible.

No obstante, es importante considerar el peor escenario, como sería la aparición de nuevos focos de la enfermedad. A este respecto, los expertos piden calma, ya que la experiencia en ocasiones pasadas es que los protocolos funcionan y la capacidad de reacción de las autoridades existe.

Por todo lo anterior, es lamentable que una emergencia que debería ser utilizada para unir fuerzas, sirva para alborotar el avispero político. Los dardos más agudos provienen de Fedegan, cuyas diferencias con el Gobierno son conocidas, y sostiene que lo sucedido es resultado de bajar la guardia en temas como la vacunación, algo que el Ministerio de Agricultura niega con vehemencia.

En cambio, unos y otros deberían preocuparse por la llegada de ganado y carne de contrabando de Venezuela, posiblemente la fuente original de este contagio. La crisis al otro lado de la frontera es el caldo de cultivo perfecto para que arriven reses enfermas, lo cual solamente se evita con controles y la cooperación de la ciudadanía. Ese, el del contrabando, es el enemigo que hay que combatir. Distraerse en peleas internas no ayuda nada a que Colombia vuelva a ser un territorio libre de aftosa.

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