Ricardo Ávila
Editorial

El riesgo sigue presente

Seis meses después de haber llegado a la presidencia de Estados Unidos, más de uno piensa que Trump ladra, pero no muerde.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
julio 23 de 2017
2017-07-23 09:49 p.m.
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Hay varias maneras de analizar el tránsito de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, luego de que la semana pasada se cumplieran seis meses desde cuando el magnate neoyorquino llegó al cargo más poderoso del planeta. Decir que el mandatario no ha estado por debajo de las expectativas que hablaban de una gestión turbulenta y polémica es una manera extrema de sintetizar el balance de una administración que genera titulares de manera continua.

Sin ir más lejos, el viernes pasado los medios destacaron la noticia sobre la renuncia del secretario de prensa de la Casa Blanca, en protesta por la designación de Anthony Scaramucci como director de comunicaciones de la presidencia. Más allá de los detalles de la controversia, el mensaje central es que el Ejecutivo no encuentra la fórmula para decirle a la ciudadanía que sabe lo que está haciendo.

Esa es tal vez la razón para que el índice de aprobación de Trump sea apenas del 36 por ciento, un nivel muy inferior al de sus predecesores. Si bien cuenta con un amplio respaldo entre la base de seguidores que le dieron la victoria en las elecciones de noviembre pasado, el líder republicano ha sido víctima de su incapacidad a la hora de volver promesas en realidades, o de despejar las dudas sobre el papel que jugó Rusia en la campaña que lo llevó al poder.

Dentro de sus numerosos tropiezos se incluyen el frustrado intento para limitar la entrada a territorio norteamericano de los nacionales de una serie de países árabes y la incapacidad de contar con el apoyo irrestricto de su partido. Los analistas coinciden en que su mayor descalabro es, hasta ahora, no haber podido eliminar la reforma a la salud que implantó Barack Obama, que se avizoraba como cosa segura.

Por cuenta de ese traspié, es dudoso que la propuesta de impuestos que tanto entusiasmó a los inversionistas llegue a ver la luz del día en los próximos meses. Aparte de que un cambio radical que parecía ser más benévolo con los ricos que con la clase media daría origen a un intenso debate, el calendario es muy estrecho y estará copado por la discusión en torno al presupuesto del próximo año fiscal, que tampoco será sencilla.

Como a finales del 2018 hay comicios legislativos que pueden variar la correlación de fuerzas en el Capitolio, el espacio para sacar adelante diferentes propuestas es estrecho. Sobre el papel, podría haber un entendimiento con el Partido Demócrata, pero la polarización es la norma y más si la administración continúa enredada en sus propios errores.

Curiosamente, el desbarajuste en la arena política estadounidense no se ha transmitido a la economía. Los datos confirman que el crecimiento avanza a un ritmo aceptable, mientras el desempleo se ubica cerca de mínimos históricos. Por cuenta de las buenas cifras, el Banco de la Reserva Federal desactiva las medidas de emergencia que se adoptaron tras la crisis financiera del 2008, lo cual comprende salir de manera gradual de las inversiones hechas en esa época y aumentar las tasas de interés, acercándolas a sus promedios históricos.

A la luz de esa realidad, bien podría creerse que a Trump podría aplicársele el refrán según el cual “perro que ladra, no muerde”. Por ejemplo, su insistencia de construir un muro en la frontera con México es un proyecto de dudosa realización.

Sin embargo, sería un error pensar que la Casa Blanca se va a quedar cruzada de brazos en diferentes temas. Así el Congreso no le marche como quisiera, la administración todavía está empeñada en una agenda proteccionista que ya se nota en asuntos comerciales como la renegociación del Nafta o Tlcan.

Más inquietante aún es que para mostrarse fuerte, Washington tome decisiones de manera impulsiva, sea en materia de seguridad, política internacional, medioambiente o economía. Los peores temores en torno a Trump parecen disiparse, pero eso no quiere decir que los riesgos hayan desaparecido.

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