Ricardo Ávila
Editorial

El veredicto de las cifras

En contra de lo que podría creerse, los balances de las dos mil empresas de mayor tamaño, muestran que el 2016 fue bueno.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
junio 12 de 2017
2017-06-12 10:08 p.m.
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A lo largo de los últimos meses, se ha vuelto palpable el desánimo de consumidores y empresarios en Colombia. Tanto las encuestas generales como sectoriales, muestran un notorio aumento del pesimismo, alimentado por circunstancias tan disímiles como la reforma tributaria de diciembre pasado, o el proceso de paz con las Farc.

La desaceleración de la economía, causada por la descolgada en los precios de los productos básicos que exportamos, se ha hecho más evidente por cuenta del descenso en los índices de confianza, lo que ayuda a mover un círculo vicioso de malas ventas y peores expectativas. Sin embargo, una mirada a ciertas mediciones objetivas entrega un parte diferente, por lo menos si el corte se hace al cierre del 2016.

Así se desprende de un interesante informe dado a conocer en la víspera por la Superintendencia de Sociedades, que tiene como base los estados financieros –correspondien-tes al año pasado– de las empresas del sector real que reportan a ese y otros organismos. La foto puede tildarse de incompleta, en el sentido de que no está el universo de firmas que operan en el país. Sin embargo, se trata de un grupo de dos mil compañías con activos conjuntos de 963 billones de pesos, ventas cercanas a los 613 billones y utilidades combinadas por encima de los 45 billones de pesos.

Para hacer su análisis, la entidad dividió las firmas en dos grupos con igual número de sociedades, quedando en el primero las de mayor tamaño. Una mirada inicial muestra un virtual estancamiento en ciertas cuentas del balance, pero un salto considerable de ganancias, que subieron 113 por ciento, hasta 41,6 billones de pesos.

Un comportamiento aparentemente tan dispar tiene una explicación: en esta categoría se encuentra el ramo de petróleo y minería, que experimentó grandes turbulencias por cuenta de los altibajos en las cotizaciones internacionales. Debido a ello, se decidió mirar qué sucedía si se le excluía de las cuentas agregadas.

Aunque sin movimientos espectaculares, el reporte también fue bueno. Los ingresos operaciones del grupo subieron 7,8 por ciento –por encima de la inflación–, y sus utilidades avanzaron 13 por ciento. Las compañías vinculadas a la construcción se destacaron por su desempeño, seguidas de la del renglón agropecuario, las manufacturas, el comercio y los servicios. En ninguna de estas categorías se puede hablar de marcha atrás.

En lo que atañe a las siguientes mil sociedades, el mensaje positivo acabó siendo todavía más contundente. A pesar de que sus cifras combinadas son relativamente menores, tuvo lugar un sano crecimiento real de los activos y el patrimonio. Adicionalmente, los ingresos se expandieron en casi 15 por ciento de un año a otro, mientras que las ganancias subieron más de 82 por ciento. Otra vez, el comportamiento de los distintos sectores considerados solo puede describirse como notable.

Los datos entregados por la Superintendencia de Sociedades pintan un panorama que contrasta con el imaginario popular de crisis profunda, que es el que prevalece. Sin desconocer que hay casos individuales que confirman que no a todo el mundo le va bien, los números agregados muestran una progresión que es imposible de desconocer.
Si bien los técnicos señalan que el uso de las nuevas normas de contabilidad hizo que ciertas cuentas aumentaran, difícilmente ello varía el sentido del parte entregado.

Para quien no acepta por principio que las cosas en el país están mejor de lo que cree, las cifras hechas públicas ayer no servirán de mucho. No obstante, aquí lo que vale la pena destacar es que el estado de salud de las empresas de tamaño mediano y grande es bueno, pues la solidez financiera es mayor y los indicadores de rentabilidad van al alza. En tal sentido, hay de dónde crecer, si los vientos del optimismo vuelven a soplar, así sea tímidamente. Y eso no es poca cosa.

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