Ricardo Ávila
Editorial

En busca del sentido común

Lo que le conviene a productores y consumidores de café es repartir cargas y beneficios para asegurar el futuro del grano.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 13 de 2017
2017-07-13 09:35 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Para el grueso del público, el recuerdo que más queda en la memoria es la foto de Juan Valdez ofreciéndole un tinto a algunas de las personalidades que asistieron al primer foro mundial de productores de café. Sin embargo, para los 1.400 asistentes de 45 países que estuvieron en el evento, que concluyó el miércoles en Medellín, lo importante es haber colocado una primera piedra orientada a cambiar de manera estructural cómo se negocia un grano de cuyo cultivo dependen 25 millones de familias en el mundo entero.

Con el fin de entender la importancia de la cita, hay que hacer memoria: Durante casi tres décadas, el mercado se manejó a través del Acuerdo Internacional del Café, que se gestó, administraba y renovaba o modificaba en la Organización Internacional del grano en Londres, en su famosa sede del número 22 de la calle Berners. El final del Pacto en 1989 llegó como parte de un momento histórico, casi en simultánea con la caída de la Unión Soviética y el muro de Berlín.

Menos de un año después, el producto llegó a 69 centavos de dólar la libra, el peor precio hasta ese momento. A partir de entonces, comenzó un periodo plagado de altibajos y no pocos sinsabores, especialmente para los caficultores.

En las últimas tres décadas, la situación de los cultivadores parece haberse vuelto cada vez más difícil. Lo anterior contrasta con la percepción de los consumidores, que son más sofisticados y pagan altas sumas por cada taza de la bebida que se toman.

La insatisfacción de los productores con los precios internacionales y la tajada que les corresponde en un mercado de unos 200.000 millones de dólares anuales es creciente. De un lado, está el valor la libra que se fija primordialmente en las bolsas de Nueva York para los cafés arábicos, y en Londres para los robusta. Las mejoras ocasionales son atribuibles más a factores cambiarios que a razones fundamentales.

De otro, parece haber consenso en que los contratos de futuros, que definen las cotizaciones, están altamente influenciados por especuladores financieros, y ya no reflejan el ‘físico’, es decir la oferta y demanda efectiva del grano. En los últimos años, salvo algunos picos puntuales, los cafés arábigos han estado entre 1,2 y 1,4 dólares por libra, no muy lejos de donde se ubicaban nominalmente en 1982. Ello, mientras los costos aumentan constantemente y la mano de obra es cada vez más difícil de conseguir.

Otro gran desafío es el cambio climático. La zona más afectada es la que en inglés se llama el bean belt, que es la franja geográfica en la que se siembra café. Por contraste con el robusta, el arábigo que cultivan Colombia y otros países, es el más sensible al calentamiento global, por las variaciones en las temperaturas y los patrones hídricos que ocasionan lluvias intensas o sequías y promueven el desarrollo de enfermedades como la roya o la broca.

Al mismo tiempo, el consumo aumenta y se estima que en los próximos 10 a 15 años se requerirán otros 50 millones de sacos por encima de los 150 millones que se producen hoy. Algunos expertos creen que si no se toman medidas rápidamente, el área apta para el cultivo se podrá reducir en la mitad para el 2050.

En este contexto de dificultades y desafíos, es encomiable el esfuerzo de la Federación de Cafeteros de liderar un movimiento global. Se busca que –con la participación al mismo nivel de los productores y la industria– toda la cadena identifique soluciones y las implemente para que la sostenibilidad y rentabilidad sean la constante.

Los retos no son sencillos y el camino apenas comienza. Pero la esperanza es que, eventualmente, será posible hacerle entender a unos y a otros que el futuro del café no está asegurado si las cargas y los beneficios no se reparten de manera más equitativa. Lograr eso por cuenta de aplicar el sentido común de los intereses compartidos, sería extraordinario.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado