Ricardo Ávila Es mejor a las buenas 15 de agosto de 2017 | Editorial | Opinión | Portafolio
Ricardo Ávila
Editorial

Es mejor a las buenas

Recortar la tasa de usura es una opción atractiva y popular a la vez, pero hay maneras de hacerlo para no crear líos innecesarios.

Ricardo Ávila
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Ricardo Ávila
agosto 14 de 2017
2017-08-14 08:36 p.m.
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Una de las noticias más destacadas de la pasada Asamblea de la Andi fue el anuncio hecho por el Ministerio de Hacienda, en el sentido de que habrá una modificación en la periodicidad con la cual se calcula la tasa de interés de usura en Colombia. Aunque la fórmula seguirá siendo la misma de los últimos tiempos, ahora la cifra se revisará mensualmente y no de manera trimestral, como era usual.

La determinación responde a las exigencias provenientes de diferentes sectores para que las reducciones en el costo del dinero, adoptadas por el Banco de la República, se les transmitan con mayor rapidez a los usuarios del crédito. Como es sabido, comparado con los niveles de hace un año, el Emisor ha recortado en dos puntos porcentuales y un cuarto el valor de los fondos que le entrega de manera temporal a los intermediarios financieros por darles liquidez temporal, pero no todos sienten el alivio de la misma manera.

De acuerdo con las estadísticas de la Superintendencia Financiera, el interés promedio de un crédito ordinario pasó de 14,9 a 12,3 por ciento en los pasados 12 meses, con lo cual se puede argumentar que una disminución sí ha tenido lugar. La rebaja se nota especialmente en segmentos como los préstamos de tesorería o los destinados a vivienda.

Sin embargo, el descenso no cubre a todas las categorías. Las protestas se concentran en las tarjetas de crédito, cuyo costo puede llegar a estar en la vecindad de la tasa de usura, hoy por hoy, cercana al 33 por ciento anual. Como el dinero plástico constituye para millones de colombianos su relación más cercana con los bancos, resulta fácil sostener que el recorte no se ve.

De manera complementaria, los representantes del comercio o la industria señalan que ante la mala hora que atraviesa el consumo, resulta contraindicado subir el costo de endeudarse. Puesto de otra manera, la propensión a comprar todo tipo de artículos disminuye si las cuotas de un crédito son elevadas, por lo cual ayudar a que baje el valor de los pagos forma parte de una estrategia de reactivación.

Aunque atractivo, el argumento no tiene plena validez. Como siempre sucede en estos casos, sumar aquí obliga a restar allá. Meterle mano a las tasas de interés a la brava ocasiona dolores de cabeza más adelante, pues así lo demuestra la experiencia colombiana. Por ejemplo, la disponibilidad de crédito para ciertos segmentos disminuye radicalmente.

A su vez, los académicos señalan que lo que cuesta un tipo de crédito determinado refleja no solo el costo de captación de los recursos, sino el riesgo de no recuperar el dinero. En lo que atañe al segmento de consumo, el crecimiento de la cartera vencida se ha disparado y en la actualidad supera el 30 por ciento anual, en términos nominales.

Debido a esa situación, el Gobierno optó por la opción menos traumática de todas.
Acelerar la aplicación del nivel de usura implica que el techo de las tasas de interés en el país baja en tres cuartos de punto porcentual pronto, lo cual ayuda a rebajar pagos, pero no de manera radical.

El único lío es que cuando el viento sople para el otro lado y, eventualmente, el costo del dinero empiece a subir, la transmisión tendrá un rezago más corto que cuando había un trimestre para reflejar los cambios. No obstante, dadas las condiciones de la inflación y el mercado financiero, ese será un tema que deberá ser revisado en su oportunidad por la próxima administración.

Así las cosas, lo importante ahora es concentrarse en estrategias adicionales que apoyen el crecimiento de la economía, como un aumento de la confianza del público o un mejor comportamiento de las actividades productivas. Tal como insisten los conocedores, la tasa de interés baja es una condición necesaria, pero no suficiente para que vuelvan las ‘vacas gordas’. Y aunque lo hecho va en la dirección correcta es mejor que las cosas tomen su curso. A las buenas y no a la brava.

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