Ricardo Ávila
Editorial

Esperar lo mejor

El manejo de la difícil crisis de Hidroituango ha sido el correcto por parte de EPM al extremar las precauciones y continuar con el trabajo.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
mayo 17 de 2018
2018-05-17 07:54 p.m.
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No existe en la historia del país un antecedente parecido al de la emergencia creada por los problemas surgidos en la construcción de la hidroeléctrica de Ituango. Tanto por el volumen de la obra y los recursos involucrados, como por la presencia permanente en el cubrimiento de los medios de comunicación, la opinión sigue en tiempo real la que es una verdadera carrera contra el tiempo, cuyo propósito principal es minimizar los daños a las comunidades que viven en las riberas del río Cauca, desde Antioquia hasta Sucre.

Es indudable que la orden de evacuación que afecta a miles de personas y restringe la movilidad en la zona crea una inmensa zozobra, además de enormes incomodidades. No obstante, ante la posibilidad de una avalancha que se traduciría en pérdidas de vidas, las autoridades están reaccionando de manera correcta. Lo responsable en este caso es trabajar con el escenario más malo posible y extremar las precauciones, si se trata de contener pérdidas irreparables.

Prepararse para la catástrofe, no quiere decir, sin embargo, que este vaya a ser el desenlace. Al mismo tiempo que las Empresas Públicas de Medellín despliegan un gran operativo con el fin de ayudarles a los damnificados a sobrellevar la situación, continúa la labor de terminar la presa para permitir que las aguas embalsadas salgan por el vertedero. Solo cuando se consiga ese hito será posible desmontar el estado de emergencia y concentrarse en el proyecto, cuya viabilidad está en veremos.

Que las cosas pueden salir mal en el intermedio, es algo que no se debe negar. Un final favorable exige una buena dosis de suerte con el clima y la geología, además de gran capacidad técnica y mucho valor por parte de los operarios encargados de depositar en el lugar indicado 90.000 metros cúbicos de materiales. Cruzarse de brazos no es una opción y mantener la cabeza fría a la hora de buscar alternativas sobre la marcha, resulta obligatorio.

La batalla, entonces, no está perdida. En tal sentido hay que acompañar a la administración de EPM, a sabiendas de que cuenta con la experiencia acumulada para sortear el enorme desafío que se le presentó de manera imprevista.

Una vez se alcance ese punto empezará el reto de las evaluaciones exhaustivas. Para llegar a conclusiones sobre el costo y el tiempo de las reparaciones necesarias, habrá que esperar a que baje el nivel del agua en la casa de máquinas y se puedan inspeccionar construcciones y equipos.

Por tal razón, cualquier cifra que se haya lanzado hasta ahora no tiene fundamento alguno. Tal como sucede ocasionalmente en el país ante las crisis, en la radio, la televisión y la prensa escrita aparecen expertos de última hora que se aventuran a sustentar hipótesis sacadas del sombrero. Una mirada a las redes sociales sugiere que la de Hidroituango era una especie de tragedia anunciada, que desconoce la maduración que tuvo una iniciativa con 60 años de historia.

Para colmo de males, la temporada electoral no ayuda. Más de un candidato ha hablado sin saber, aparte de aquellos que ponen en cuestión cualquier esquema futuro de generación de electricidad a partir del agua. Si las promesas de ahora se traducen en decisiones de Gobierno, podría estarse sembrando la semilla de futuros racionamientos que solo podrán ser evitados si el parque energético se nutre de varias fuentes, como es la norma en el mundo.

En conclusión, está bien haber disparado las alertas y utilizado la experiencia con que cuenta el país en el manejo de tragedias. También merece elogios la reacción de EPM, que pasa por no desconocer el peligro, ponerle la cara a la emergencia y empeñarse en elevar la cresta del proyecto. Queda ahora cruzar los dedos y trabajar mucho: esperar lo mejor, habiéndose preparado para lo peor.

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