Ricardo Ávila
Editorial

Hay que pasar ese trago

Ante la caída en los precios del café, a los productores nacionales no les queda otra que aguantar el chaparrón, en espera de otra coyuntura.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
abril 05 de 2018
2018-04-05 08:22 p.m.
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Hacía rato que el ambiente no era tan sombrío en el seno del Comité Nacional de Cafeteros, en el que participan los representantes del sector y varios integrantes del gabinete encabezados por el Ministro de Hacienda. Lejos del entusiasmo de épocas recientes, la sesión del miércoles pasado abundó en ceños fruncidos, debido a la coyuntura que afecta a los cultivadores del grano.

Las cifras son elocuentes. Hace un año el productor recibía 802.375 pesos por carga de 125 kilos (el promedio del 2017 fue de 850.000 pesos), un valor que ahora está en 717.000 pesos. Si a lo anterior se le agrega que lo recolectado en lo que va del 2018 asciende a 3,4 millones de sacos –6 por ciento menos que el año pasado–, es evidente que los ingresos de medio millón de familias campesinas que derivan su sustento de la actividad, muestran tendencia a disminuir.

Debido a ello, ya comienzan a agitarse las aguas de la insatisfacción. Para el próximo 4 de mayo está citado un plantón que, seguramente, se sentirá en un buen número de municipios a lo largo y ancho del territorio nacional. No hay duda de que el movimiento busca llamar la atención de los candidatos presidenciales a días de la primera vuelta.

Conseguir compromisos no será fácil, aunque no faltarán las promesas de siempre. Si bien el anhelo es que se reviva el pago del incentivo que en el 2013 sirvió para bajar la temperatura y desmontar un paro, ahora el palo no está para cucharas. El espacio fiscal es nulo y la administración Santos dijo que no habrá ayuda.

Por lo tanto, los cafeteros tendrán que apretar los dientes y enfrentar el mal clima, por lo menos durante varios meses. Y si las cosas siguen como van, es posible que la cosa empeore.

El motivo principal es que todas las señales disponibles indican que la oferta mundial del grano va a aumentar. Los expertos dicen que la cosecha de Brasil llegará a 60 millones de sacos –15 más que en el 2017–, mientras que la de Vietnam se acercaría a 29 millones, siete más que en el año precedente. Centroamérica tampoco pinta mal, por lo cual la opinión generalizada es que los precios no han tocado fondo. Es verdad que el consumo en el planeta no para de subir, pero no alcanza a absorber los incrementos señalados.

Para colmo de males, la revaluación del peso influye de manera determinante sobre los precios internos. En contra de los cálculos que hablaban de una tasa de cambio cercana a los 3.000 pesos por dólar, la divisa está en 2.787 pesos, como consecuencia de varios factores, en los cuales el que más influye es la cotización del petróleo. Una cuenta a mano alzada muestra que la carga se pagaría a unos 800.000 pesos hoy si el estimativo original se hubiera cumplido.

Y aunque siempre se le puede pedir al Banco de la República que intervenga en el mercado cambiario con el fin de impulsar la devaluación de la moneda, es mejor no hacerse ilusiones en el corto plazo. La cosecha, cuya recolección está comenzando, se pagará a lo que está, por lo cual más de un cultivador no tendrá opción diferente a la de beberse otro tinto amargo.

Entre los riesgos que se derivan de esa realidad, está el que lo urgente no deje tiempo para lo importante. Y lo importante es conseguir que los costos disminuyan, algo que pasa directamente por la mano de obra que representa el 60 por ciento de estos.

En tal sentido, no se pueden perder de vista las iniciativas en desarrollo, orientadas a mecanizar parcialmente la recolección, sin que ello afecte la calidad del grano escogido. Mantener la mira puesta en los objetivos de mayor eficiencia y productividad es la única salida posible para el café colombiano, pues no solo se trata de sortear la coyuntura, sino de ser viable en el largo plazo. Y eso será sin la ayuda de los consumidores, como lo dejó en claro la salida de Estados Unidos de la OIC.

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