Ricardo Ávila
Editorial

La iguana cambia de piel

Más allá de las cifras contables del año pasado, lo que vale la pena destacar en el caso de Ecopetrol, es la transformación interna de la empresa.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 28 de 2018
2018-02-28 08:23 p.m.
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En el 2014 las utilidades registradas por Ecopetrol llegaron a algo más de 5,7 billones de pesos -bajo las nuevas normas contables- con un precio promedio de 100 dólares por barril de la variedad Brent, que sirve como referencia para los crudos pesados. Para el 2017, las ganancias de la compañía alcanzaron los 6,6 billones de pesos, con una cotización de 55 dólares por barril de petróleo. Semejante contraste resume a su manera la transformación experimentada por la empresa de mayoría estatal, cuyos resultados anuales sorprendieron positivamente a los analistas en la tarde del martes.

Y es que después del impacto que significó el desplome en el valor de los hidrocarburos hace tres años y medio, más de uno se apresuró a expedirle la partida de defunción al conglomerado. Con lo que no contaban las Casandras era con el éxito de un programa de reducción de costos que se tradujo en una disminución del punto de equilibrio de caja, que en el ejercicio que acaba de terminar se ubicó en 40 dólares el barril.

Los recortes fueron amplios y tocaron a las más diversas áreas de operación, algo que no dejó de crear resentimientos y tensiones entre aquellos contratistas y proveedores acostumbrados a las vacas gordas. Uno de los acápites más sensibles acabó siendo la menor utilización de disolventes para disminuir la viscosidad del aceite que se transporta por los oleoductos y que dio lugar a ahorros multimillonarios.

Dicha circunstancia, combinada con un escenario de precios al alza, permite entender por qué la realidad financiera del grupo es distinta ahora. Con una sana posición de caja después de haber hecho prepagos de deuda por cerca de 9 billones de pesos, la gran mayoría de indicadores muestran una evolución favorable. Hoy por hoy, la empresa cuenta con el músculo necesario para crecer, incluso adquiriendo campos existentes para fortalecer su posición de reservas, que es su mayor debilidad estructural.

Mientras llega ese momento, los accionistas están de plácemes. El dividendo propuesto de 89 pesos por título dista de los montos recibidos en los tiempos de bonanza, pero otorga un rendimiento cercano al 3,5 por ciento, si se toma como base el precio de cierre ayer en la bolsa. Eso para no hablar de la recuperación de la especie, que aumentó 90 por ciento en doce meses.

Ninguno de los propietarios está más satisfecho que la Nación. Entre dividendos e impuestos de renta, el Ministerio de Hacienda recibirá más de 8,8 billones de pesos que aliviarán la situación del erario público en medio de una aguda estrechez. Y si las cosas siguen como van, el balance del 2018 debería ser todavía mejor pues el Brent está un 20 por ciento por encima de los niveles registrados en el primer bimestre del año que viene de terminar.

Lo señalado no quiere decir que haya motivos para relajarse y bajar la guardia. En medio de las incertidumbres de los mercados globales, la única estrategia válida es mantener la rienda corta en cuanto a costos se refiere y buscar mayores eficiencias en las varias líneas de negocio.

Especialmente crucial es lograr un éxito exploratorio más alto que complemente las labores orientadas a elevar la tasa de recuperación de los yacimientos existentes. No menos importante es cuidar el segmento de transporte, que es la verdadera gallina de los huevos de oro, pero que siente la amenaza del terrorismo demencial del ELN. En cuanto a la refinación, Reficar anda bien desde el punto de vista de la eficiencia, aunque ojalá pueda ampliar sus márgenes, mientras que Bioenergy todavía debe consolidar su operación.

Todo lo anterior permite mirar el porvenir con cierto optimismo, así los retos sigan. Si hay algo de suerte y mucha dedicación, existen motivos para esperar que el futuro de Ecopetrol sea mucho mejor.

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