Ricardo Ávila
Editorial

La línea de la mitad

A seis meses para que tenga lugar la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el consejo de los expertos es no antagonizar a la masa silenciosa.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
diciembre 03 de 2017
2017-12-03 04:57 p.m.
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Faltan todavía más de seis meses para que tenga lugar la primera vuelta de las elecciones presidenciales y las escaramuzas son cada vez más intensas. Tanto al interior de diversas colectividades como entre candidatos que muestran cierta afinidad, aumentan los roces y las tensiones, que tienen eco inmediato en las redes sociales.

El motivo principal es que el grupo de aspirantes aún es excesivo. Como en el juego de las sillas musicales, quienes buscan suceder a Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño saben que el número de cupos es limitado y deberá decantarse de manera sustancial en las semanas que vienen.

Es verdad que la consulta liberal sirvió para eliminar algunos nombres, mientras en el Centro Democrático empezó a deshojarse la margarita. Sin embargo, aún hay cerca de 40 individuos en el partidor, un abanico tan amplio que confunde a los votantes potenciales.

Mientras unos y otros hacen lo que está a su alcance para pasar de la etapa eliminatoria a las semifinales, los observadores plantean que al final de cuentas las preferencias se acomodarán a unas franjas ideológicas definidas. A la luz de la polarización de tiempos recientes, sería fácil concluir que la competencia se definirá entre la izquierda y la derecha más radical. Los antagonismos en torno a la negociación con las Farc le dan sustento a esa visión.

No obstante esa realidad, quienes saben de estas cosas insisten en la importancia del centro. Según dicho punto de vista, hay que conquistar a los votantes de posturas moderadas que constituyen la mayoría, por lo cual sería un error moverse a los extremos. Lo anterior no impide que se trate de hacerle guiños a uno u otro lado del espectro ideológico, pero el consejo es no antagonizar a esa masa silenciosa que hace menos ruido, pero que, en últimas, es la que decide el resultado.

Lo que ha pasado recientemente en América Latina parece darle la razón a ese planteamiento. En la primera vuelta presidencial en Chile, quienes pasaron a la segunda ronda son los que representan al centroizquierda y al centroderecha, con programas que se diferencian menos de lo que podría creerse.

Es cierto que en el país austral los aspirantes que mostraron propuestas que de un ángulo planteaban gravar duramente a los más ricos y, del otro, permitir el porte de armas y ensalzar a Augusto Pinochet, lograron un sorpresivo respaldo en las urnas. Bajo dicha postura, los extremistas son más notorios. Pero quienes sostienen que hay que pensar con cabeza fría, insisten en que es un error coquetearles, pues al final los ciudadanos se acercarán al centro.

De vuelta a Colombia, eso quiere decir que ideas que son populares entre algunos segmentos, como volver trizas el acuerdo de paz o cerrarles el espacio a las explotaciones mineras y petroleras, consiguen votos, pero no los suficientes. Esa sería la razón por la cual quienes cuentan con un núcleo duro de seguidores marcan bien en las encuestas, pero tienen techo.

El reto, entonces, está en pasar a la segunda vuelta. Para decirlo con nombre propio, Sergio Fajardo o Humberto de la Calle quisieran quedarse con el centro izquierda, a sabiendas de que si pasan a la final, eventualmente, estarán respaldados por aquellos que estén con Gustavo Petro, Jorge Robledo o Claudia López.

A su vez, Germán Vargas Lleras, Martha Lucía Ramírez, o quien sea el ungido por el Centro Democrático, recibirían el apoyo de las personas afines con su pensamiento, así en la ronda inicial no los conquisten. En últimas, millones de votos se definirán no por escogencia, sino por descarte.

Todos esos cálculos funcionan para los aspirantes mencionados, si no llegan sorpresa de los extremos. Pero al final, el raciocinio es el mismo: si la lógica se impone, el triunfador será el que menos amenazas represente para la mayoría, que es la que está más cerca de la mitad que de los lados.

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