Ricardo Ávila
Editorial

La tarea sigue pendiente

El diagnóstico para que el país mejore en lo que atañe a la competitividad ya existe, pero se requiere liderazgo y
una gran dosis de voluntad.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 27 de 2017
2017-09-27 10:03 p.m.
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Tal vez la figura que mejor describe los esfuerzos de Colombia en materia de competitividad es la de la bicicleta estática. Y es que a pesar del pedaleo de los últimos tiempos, el país, al hacer las cuentas completas, sigue en el mismo sitio de antes, mientras otros logran avanzar.

Palabras más, palabras menos, así se podría resumir el balance de nuestro desempeño en la versión más reciente del informe global sobre el tema, que todos los años elabora el Foro Económico Mundial. En el reporte, que vio la luz hace un par de días, sacamos la misma nota del 2016, pero caímos del puesto 61 entre 138 naciones al 66 de 137.

Para quienes vienen analizando el asunto desde hace rato, el comportamiento anotado es descorazonador. Es verdad que en algunos aspectos hemos mejorado, pero lo que se gana por aquí se pierde por allá. Debido a ello, ocupamos lugares intermedios cuando nos comparamos con el resto del planeta, y en América Latina estamos a una distancia considerable de Chile, que encabeza la clasificación regional.

Seguir sin progresar en la materia es una mala noticia para un país que necesita diversificar sus fuentes de crecimiento. La desaceleración que siguió al fin de la bonanza de precios de los bienes que exportamos nos obliga a reaccionar y atraer capital privado para que la inversión permita contar con una base productiva diversificada y cree nuevas oportunidades de progreso y empleo.

El problema es que generar interés a la hora de impulsar proyectos o hacer apuestas en distintos frentes es, relativamente, más difícil que en otras latitudes. Lo anterior no quiere decir que las cosas se paralicen por completo, sino que la falta de competitividad cuesta. Puesto de otra manera, hacer girar el círculo virtuoso sería más sencillo si ciertos obstáculos fueran menores.

Y en este asunto hay muchas asignaturas pendientes. Así lo revela una mirada a las 12 áreas temáticas o pilares que contienen, a su vez, 114 indicadores con base en los cuáles el Foro Económico Mundial hace sus cálculos. Haciendo caso omiso de contadas excepciones, como el desarrollo en materia financiera o el tamaño del mercado interno, en más de un campo mostramos grandes rezagos.

A este respecto, no hay nada más inquietante que lo que nos pasa en el punto de instituciones. La nota que recibimos es tan baja que estamos en el puesto 117, muy por debajo de naciones que, a primera vista, muchos considerarían con un nivel de atraso superior. Las causas de estar tan mal están relacionadas con la percepción de corrupción –en la que vamos empeorando notoriamente–, junto con la situación de crimen y violencia.

Avanzar en materia de competitividad no será posible si no se aplican correctivos de fondo en esta y en otras áreas. Aparte de meterle la mano a la justicia y a la seguridad, para así combatir impunidad, venalidad y crimen, hay más urgencias. Por ejemplo, son vergonzosas nuestras coberturas de educación básica, a pesar de que, en teoría, la enseñanza es universal.

Como usualmente ocurre en estos casos, en el presente no hay fórmulas mágicas. El diagnóstico es suficientemente conocido y se encuentra en los informes anuales del Consejo Privado de Competitividad, en el cual hay propuestas concretas sobre cómo se puede ir hacia adelante.

La dificultad radica en poseer la voluntad política para sacar al otro lado reformas que en más de un caso son, a la vez, dolorosas y necesarias. Ello a su vez exige contar con un Gobierno fuerte que tenga credibilidad ante la opinión y sea capaz de convencer al Congreso con argumentos y no con presiones de otra índole.

La opción alternativa es cruzarse de brazos y esperar un golpe de suerte que dependerá de los precios de las materias primas. El problema es que eso de aspirar a ganarse la lotería es una mala estrategia, sobre todo si queremos salir de la mediocridad y descollar. Por eso es que vale la pena comenzar a hacer la tarea.

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