Ricardo Ávila
Editorial

La voz de los presidentes

Más de una treintena de los CEO de las empresas más importantes de EE. UU. critican la renuencia
de Trump al Acuerdo de París.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
junio 20 de 2017
2017-06-20 09:19 p.m.
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La reciente decisión de Donald Trump, de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático, ha sido una de las más criticadas en sus cinco meses de gobierno. El pacto global, firmado por 195 países, recoge compromisos, metas y expectativas en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Tras el anuncio de la Casa Blanca, cientos de miles de voces rechazaron la medida.

Y no se trató solamente del público en general. Gobernadores de tres importantes estados –California, Nueva York y Washington–, así como los alcaldes de una treintena de grandes ciudades, además de los rectores de unas 80 universidades, se sumaron a la protesta. Liderados por el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg, este bloque se comprometió con Naciones Unidas a seguir desde lo regional y local los compromisos ambientales asumidos.

A decir verdad, la salida de Washington no generó mayor sorpresa. Por muchos años, el Partido Republicano ha mostrado su escepticismo frente a las políticas contra el cambio climático. Las encuestas, incluso, muestran que la mayoría de los integrantes de la colectividad no creen que el calentamiento global sea una amenaza real.

Tal vez lo más llamativo sea la reacción de los capitanes del sector privado. A la fecha, más de una treintena de presidentes de las corporaciones más importantes de Estados Unidos ha salido en público, mediante cartas abiertas, trinos y declaraciones, a criticar la renuncia al Acuerdo de París.

Bob Iger y Elon Musk, cabezas de Walt Disney y Tesla, respectivamente, renunciaron al consejo asesor de empresarios que la Casa Blanca había conformado. Andrew Liveris, de Dow Chemical, envió una comunicación pública a Trump en defensa del pacto, firmada por otros de sus colegas, que incluyen a gigantes de la tecnología como Microsoft, Apple, Hewlett Packard e Intel, aparte de bancos como Morgan Stanley y compañías de bienes de consumo como Unilever.

A lo largo y ancho del espectro del sector privado norteamericano –el más dinámico del mundo– surgieron críticas. Desde el ramo financiero –Goldman Sachs– hasta los almacenes Walmart, pasando por IBM y General Electric. Incluso grandes compañías petroleras como Exxon Mobil, Royal Dutch Shell, BP y Chevron se manifestaron, pues sus estándares favorecen al gas natural.

Lo más destacable de la lluvia de protestas son las razones que exponen los líderes empresariales. Más que loas al medioambiente, los motivos de descontento de las corporaciones son de negocios. Para la mayoría de estos CEO, abandonar el pacto climático golpea la competitividad de las firmas estadounidenses, ya que al ser multinacionales deberán seguir cumpliendo con estándares globales. Así mismo, productos norteamericanos como automóviles podrán exponerse a boicots ambientales, o a otro tipo de retaliaciones en importantes mercados en el resto del mundo. Retirarse del Acuerdo de París, arguyen, dificultará que sus compañías lideren y participen de las tecnologías para las energías limpias.

No menos importantes son las inquietudes con respecto a la reputación corporativa, pues un deterioro en la percepción del público puede afectar la actitud de los consumidores. Tampoco son despreciables las posturas personales, ya que no es necesario ser científico para darse cuenta de que los patrones climáticos se han alterado. Dicho de otra forma, los presidentes de las compañías más grandes también son padres o abuelos que miran con inquietud lo que trae el futuro.

Pero más allá de esas disquisiciones, el mensaje es fuerte. El sector privado muestra que está dispuesto a apoyar una transición a energías más amigables al medioambiente, mientras expresa su inquietud. Cómo se mide ese aporte, quién lo mide y cómo se monitorea, típicas decisiones gerenciales, son difíciles de aplicar sin un marco político adecuado.

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