Ricardo Ávila
Editorial

La voz del Tío Sam

Pese al paquete de ayuda aprobado por el Congreso norteamericano, Trump mostró los dientes, por lo cual hay que reaccionar con cabeza fría.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
septiembre 14 de 2017
2017-09-14 09:01 p.m.
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En Washington, en donde la temperatura política está al rojo vivo por causa de los acercamientos entre Donald Trump y el Partido Demócrata, muy pocos le prestaron atención al tema. El asunto tampoco fue registrado por los medios de comunicación, todavía concentrados en los coletazos del huracán Irma o las nuevas provocaciones del régimen de Corea del Norte.

Sin embargo, en Colombia nadie pasó por alto la advertencia de la Casa Blanca el miércoles pasado, en el sentido de que el país podría ser “descertificado” en su lucha contra el narcotráfico. La posibilidad de que el Tío Sam raje al país a raíz de un problema en el cual se venía aceptando como tesis que hay responsabilidad compartida entre productores y consumidores, trajo memorias de tiempos de antagonismos que se creían definitivamente superados.

Aunque el tono fue destemplado, ambas capitales trataron de dejar en claro que la alianza vigente a lo largo de este siglo no está amenazada. De hecho, quienes leyeron entre líneas encontraron manifestaciones de apoyo a las Fuerzas Armadas, un par de banderillas para el Gobierno y mensajes velados hacia el futuro, que podrían interpretarse como una delimitación de terreno ante la llegada de la temporada electoral.

Que la lucha contra las drogas se había vuelto un motivo de preocupación no es un secreto. Un informe del Departamento de Estado en marzo disparó las alarmas, pero la declaración en el Capitolio del exembajador y actual subsecretario, William Brownfield, puso los puntos sobre las íes.

De acuerdo con el funcionario, somos el principal productor de cocaína del mundo y el mayor proveedor de Estados Unidos, pues el 92 por ciento del alcaloide que se incauta en esa nación es de origen colombiano. Entre el 2013 y el 2016, los cultivos de coca tuvieron un incremento de 130 por ciento hasta 188.000 hectáreas, y en el mismo periodo el potencial de fabricación saltó de 235 a 710 toneladas de la droga. Como si lo anterior fuera poco, el número de muertos estadounidenses llegó a 6.784 en el 2015, el más alto desde el 2006.

Lo anterior no desconoce que las incautaciones del polvo blanco vienen aumentando sin cesar, o que las autoridades nacionales han conseguido importantes resultados al neutralizar a criminales como los pertenecientes al ‘clan del Golfo’. De la misma manera, se reconoce que la erradicación en lo corrido del año asciende a 28.000 hectáreas, 10.000 más que en el 2016.

A pesar de ello, se ponen en duda los convenios de erradicación voluntaria y se señala que la política de extradición debe ser usada como una herramienta efectiva. A la vez, se dice que el proceso de paz y los elementos de la justicia transicional no deben ser usados por los narcotraficantes para evitar su envío al país del norte.

En respuesta, el Ministerio de Defensa afirmó que el programa está funcionando y que el cumplimiento de las metas establecidas avanza según lo planeado. Igualmente, anotó, con razón, que nadie supera los resultados de Colombia a la hora de impedir el tráfico de narcóticos, pese a nuestros recursos limitados.

El intercambio de pronunciamientos sugiere que la decisión de suspender las fumigaciones produjo ronchas que no han desaparecido del todo, las mismas que en su momento ocasionaron divisiones en la administración Santos. Aun así, no hay rompimiento. Más bien se trata de un preaviso, en el sentido de que si los resultados no se dan, Washington insistirá en que se corrija el rumbo.

Esa decisión posiblemente le corresponda al gobierno que viene. Hablar de un apretón no tiene fundamento, como lo demuestra el paquete de ayuda aprobado por el Congreso norteamericano. No obstante, el cheque girado ya no está en blanco. Fiel a su estilo, Trump mostró los dientes quizás para negociar objetivos más precisos. Lo único que corresponde hacer es reaccionar con cabeza fría.

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