Ricardo Ávila
Editorial

Luces y sombras

Las encuestas muestran la preocupación de la gente con la seguridad. Mientras los homicidios caen, el hurto a personas sube rápidamente.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
noviembre 21 de 2017
2017-11-21 08:47 p.m.
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No cesa la conmoción en Barranquilla tras el asesinato, en la madrugada del domingo, de Angello Alzamora, un joven de 24 años que murió en un intento de atraco, de acuerdo con la Policía. El triste suceso se asemeja a otros ocurridos en el transcurso de las últimas semanas en Bogotá, Medellín o Pereira, para solo citar algunos de los casos más notorios.

La sucesión de hechos como el relatado ayuda a entender por qué la percepción de inseguridad viene en aumento este año, según lo muestran las encuestas de la Red de Ciudades Cómo Vamos. Por su parte, el más reciente Gallup Poll indica que 82 por ciento de los habitantes en las cinco ciudades más grandes dice que el problema del crimen empeora.

Sin embargo, una mirada a las estadísticas disponibles revela un panorama de luces y sombras. Para comenzar, el número de homicidios sigue bajando y registra un descenso del 4 por ciento en el acumulado al 20 de noviembre, como lo muestran los datos del Ministerio de Defensa. La tasa anualizada, que llegó a estar en 84 por cada 100.000 habitantes a comienzos del siglo, se encuentra apenas por encima de 24, similar al promedio regional.

Lo anterior no quiere decir que todo avance en la dirección correcta. En el 2017, hay un aumento de las muertes a bala o cuchillo en Medellín, Neiva o Florencia, en el grupo de las capitales, al igual que en Tumaco, Palmira y Turbo, entre los municipios de buen tamaño. No obstante, esa alza es más que compensada por las importantes reducciones vistas en Bogotá, Cali, Barranquilla, Montería y Villavicencio.

Al mismo tiempo, otros delitos muestran caídas importantes. De acuerdo con las estadísticas oficiales, el robo de automotores baja 12 por ciento, mientras que la piratería terrestre desciende 33 por ciento. Un flagelo como la extorsión disminuye 14 por ciento, junto con el secuestro, menor en 5 por ciento.

Tampoco es despreciable el recorte en los casos de lesiones personales, del 8 por ciento. Las cuentas gubernamentales dicen que el sistema de salud se ha ahorrado cerca de 20.000 millones de pesos en atención de heridos en riñas, que demandaban servicios de ambulancia y urgencias.

Aun así, hay luces rojas que se encienden en el tablero de control. La más brillante de todas es el hurto a personas que registra un crecimiento del 16 por ciento hasta el lunes pasado, lo cual equivale a 150.504 casos individuales.

Según los conocedores del tema, aquí puede darse un deterioro atribuible a una mejora en la calidad de la información. Puesto de otra manera, no es que la foto sea peor, sino que ahora es más clara.

Sea como sea, las cifras absolutas alcanzan niveles que solo pueden calificarse de preocupantes y cuyas explicaciones son varias. Para comenzar, existe una política que facilita la excarcelación de los delitos menores, por lo cual se presentan reincidentes que han sido capturados en más de 40 ocasiones.

A lo anterior hay que anotar que más de un alcalde sostiene que la inmigración de venezolanos trae mayor incidencia de ciertos flagelos, mientras que otros culpan al microtráfico. Pero más allá de las explicaciones, el mensaje central es que la seguridad en Colombia muestra mejoras importantes en lo que hace a crímenes duros como el homicidio, mientras que el robo a personas -que a veces desemboca en asesinatos- es motivo de alarma.

Ello compromete a las autoridades locales y nacionales a mejorar su capacidad de respuesta, algo que pasa por una mayor efectividad de la justicia, unida a un incremento en el número de efectivos de la Policía que debería aumentar en unos 5.000 al año, a lo largo de la década que viene y desde el 2019. Cruzarse de brazos no es una opción y menos en un país en donde los desafíos en esta materia están lejos de terminar.

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