Ricardo Ávila
Editorial

Medio punto vale la pena

Sube el volumen de los argumentos en favor de un recorte sustancial en los intereses que cobra el Banco de la República.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
abril 24 de 2017
2017-04-24 08:17 p.m.
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La cita tiene lugar todos los meses, pero en la presente ocasión ha despertado más atención que la usual. Así podría resumirse el clima de expectativa en torno a la reunión de la junta directiva del Banco de la República programada para el viernes que viene, con un tema central en la agenda: recortar o no la tasa de interés que la entidad les cobra a las instituciones de crédito por darles fondos de manera temporal.

Aunque no de forma inmediata, propios y extraños saben que una disminución en el costo de esos recursos se les transmite eventualmente a las personas naturales y jurídicas que han recibido préstamos y a los que están en fila para un desembolso. Hacer menos oneroso el pago de una obligación es también una manera tradicional de estimular la demanda, pues la compra de un activo o servicio se ve más asequible, ya sea para propósitos de consumo o inversión.

Si bien el Emisor viene bajando los intereses de manera paulatina hasta dejarlos en el 7 por ciento anual vigente, de un tiempo para acá ha aumentado el volumen de quienes opinan que el descenso debería ser más pronunciado que el cuarto de punto porcentual que sería predecible en la presente ocasión. El motivo es que la economía colombiana muestra síntomas de debilidad, que son mayores de lo que se pensaba hace unos meses, y necesita una especie de choque eléctrico para recuperar el dinamismo perdido. De tal manera, dejar la tasa en 6,5 por ciento sería bien recibido en diversos sectores, como lo han expresado los directores gremiales.

Bajo este punto de vista, hay espacio para ir un poco más allá de lo que recomienda la cautela y darle una mano a la reactivación del consumo. A fin de cuentas, la pendiente de la inflación está cayendo, debido, sobre todo, al capítulo de alimentos, y nada hace pensar que la tendencia de los últimos meses vaya a cambiar en el futuro cercano.

En respuesta, los ortodoxos señalan que el ritmo de los precios aún no es el adecuado, sobre todo cuando la comida se excluye de las cuentas. Es verdad que el dolor de cabeza es menos intenso ahora, pero en ciertos capítulos de la canasta familiar las alzas siguen su camino, por lo cual no se puede decir que la emergencia está plenamente superada.

Las posturas mencionadas llevan a pensar que el debate del próximo 28 de abril será intenso. En ocasiones recientes, las votaciones al interior de la junta directiva del Banco de la República han mostrado división entre sus integrantes, y todo apunta a que esta vez volverá a pasar lo mismo.

Sin desconocer las respetables posiciones de lado y lado, vale la pena abogar por un recorte de medio punto porcentual. El motivo es que en lugar de que la senda de la economía colombiana tome la forma de una ‘V’, corre el riesgo de asemejarse a una ‘U’, como bien lo señala un análisis de Bancolombia. Puesto de otra manera, en lugar de una recuperación relativamente rápida del crecimiento, sube la probabilidad de que nos quedemos en el mismo piso del año pasado, es decir, en el 2 por ciento anual.

La alarma tiene fundamento. Los datos del primer trimestre fueron francamente malos, debido al desánimo de los consumidores, golpeados por la entrada en vigor de la reforma tributaria y el desánimo con respecto a la situación del país. Cruzarse de brazos o actuar tímidamente, puede conducir a un círculo vicioso prolongado que dé al traste con las esperanzas de un reverdecimiento.

Y aunque la responsabilidad de que las cosas mejoren no recae únicamente en el Emisor, un menor costo del dinero sería un paso en la dirección correcta. No obstante, la administración Santos debe entender que así el Ministro de Hacienda logre hacer valer sus planteamientos a finales de esta semana, deberá hacer su parte si no quiere que nos quedemos estancados en cifras que no le convienen casi a nadie. Solo a los que pescan en el río revuelto del descontento.

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