Ricardo Ávila
Editorial

Mejor, pero no suficiente

El aumento en el crecimiento de la economía colombiana todavía está por debajo de los cálculos oficiales y vuelve a crear interrogantes.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 15 de 2017
2017-11-15 08:41 p.m.
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Durante la Asamblea de la Andi, que tuvo lugar en Cartagena en agosto pasado, el Ministro de Hacienda presentó las proyecciones que, de acuerdo con los técnicos de su despacho, justificaban el cálculo según el cual la economía colombiana crecería 2 por ciento en el 2017. Para el funcionario, en el tercero y cuarto trimestres vendría un aumento significativo en la actividad productiva, gracias al cual se lograría salvar el pobre dato del primer semestre.

Si bien es cierto que la aceleración tuvo lugar, es indudable que la cifra que entregó el Dane no será suficiente para cumplir con la meta establecida. Conforme con la entidad, la expansión del PIB llegó al 2 por ciento, con lo cual el acumulado del año queda en 1,5 por ciento. Si bien matemáticamente es posible elevar el promedio al nivel fijado, tendría que ocurrir un evento extraordinario para que suceda. Puesto de otra manera, el número final estará dentro del rango estimado por los analistas: entre 1,6 y 1,8 por ciento.

Tal vez el principal consuelo será constatar que ya pasó lo peor, como bien lo señaló el Gobierno ayer. Sin embargo, habrá que tener cuidado para evitar sorpresas desagradables en la parte final del calendario, pues diferentes reportes sugieren que el clima de los negocios no ha mejorado de manera significativa. A diferencia de lo sucedido entre julio y septiembre, cuando la base de comparación era favorable, en el último trimestre no necesariamente pasará lo mismo.

Por tal razón, hay que tomarle el pulso a diferentes actividades cuya senda no es la esperada. Afortunadamente, la agricultura muestra una evolución favorable que ojalá continúe, en la medida en que el clima se comporte bien y los cultivadores preserven sus márgenes a punta de mayor productividad. No obstante, confiarse en ese motor no es suficiente, por lo cual es indispensable que otros ayuden a impulsar la máquina.

Ese es el caso de la minería, víctima del declive en la extracción de carbón. Resulta irónico que mientras todas las miradas se dirigieron al petróleo, el segundo renglón de las exportaciones muestre un bajón que nadie esperaba, más allá de la debilidad conocida en los mercados internacionales.

También hay que prestarle atención a la industria, que no levanta cabeza. Las esperanzas de un repunte volvieron a quedar aplazadas de forma indefinida, tanto por cuenta de la debilidad de la demanda interna, como por la ausencia de dinámica de las exportaciones manufactureras.

A la lista de tropezones es necesario sumar las obras civiles. Semejante calificativo podría parecer contradictorio cuando se tiene en cuenta que la infraestructura fue uno de los ramos de mostrar, de acuerdo con las estadísticas que se conocieron ayer. El problema es que la locomotora debería andar mucho más rápido y eso no ha sido posible, entre otras, porque el Congreso sigue sin aprobar la ley que daría la estabilidad jurídica para que sigan los cierres financieros de los proyectos viales de cuarta generación.

Como si lo anterior fuera poco, comercio y transporte no se recuperan, mientras que la intermediación financiera pierde dinámica. El aumento de la cartera mala plantea inquietudes hacia el futuro, con lo cual hay que insistir en que se requieren renglones que tomen la posta de aquellos que muestran señales de agotamiento.

Esa reflexión es válida a la luz de las proyecciones que hablan de un próximo año, cuyo desempeño superaría el del 2017. Aunque hay factores a favor como una menor inflación, tasas de interés más bajas o precios del petróleo por encima de los 60 dólares el barril, entregar un parte de tranquilidad plena es imposible. Todo apunta a que la confianza de los consumidores actúa como un lastre y hasta que no mejore, será difícil dejar el carril de velocidad lenta en la avenida del crecimiento.

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