Ricardo Ávila
Editorial

Mucho más que un aguacero

La emergencia de Houston debería resonar en nuestro país, en donde poco se aplica el refrán de ‘prevenir es mejor que lamentar'.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
agosto 28 de 2017
2017-08-28 08:28 p.m.
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La explicación de los meteorólogos es que se trata de un frente de nubes que se mueve lentamente, mientras se nutre de las aguas cálidas del golfo de México. Pero para los más de dos millones de habitantes de Houston –la ciudad más poblada del estado de Texas–, la lluvia sin cesar que cae desde el fin de semana es sinónimo de devastación sin precedentes, que todavía no termina. El motivo es que siguen las precipitaciones que dejan más de un metro de agua, suficiente para copar la capacidad de vertederos y alcantarillados.

Pasarán semanas antes de que las autoridades puedan hacer el balance de una tragedia que comenzó con un huracán acompañado de vientos con ráfagas de más de 150 kilómetros por hora. Sin embargo, los expertos tienen claro que los peores daños serán los causados por inundaciones que dejarán medio millón de damnificados, además de un puñado de fallecidos.

No deja de ser una cruel ironía que el primer gran desastre natural que le corresponde enfrentar a Donald Trump como presidente, tenga todas las trazas de haber sido más intenso, debido al calentamiento global que tanto escepticismo le genera a la Casa Blanca. Aun si se quiere negar lo que los científicos consideran incontrovertible, los datos señalan que las temperaturas medias en esa zona del Atlántico vienen al alza, lo cual ocasiona evaporación y una mayor pluviosidad.

Sea como sea, lo sucedido crea trastornos económicos importantes que ya comenzaron a reflejarse en diferentes mercados. De un lado está la cuenta que deberán pagar las compañías de seguros y que podría ascender hasta los 20.000 millones de dólares, de acuerdo con un estimativo de JP Morgan Chase. No menos importante es el impacto sobre una vasta área en la cual están ubicados importantes complejos de refinación de petróleo y elaboración de productos químicos, obligados a suspender operaciones.

Como consecuencia, el valor de la gasolina para los mayoristas subió de manera significativa, mientras el crudo de la calidad WTI –que se extrae en la parte central del territorio estadounidense– cayó en más de 3 por ciento, pues no hay como procesarlo.
La reacción en un primer momento fue especulativa, debido a que la emergencia no acaba, pero da una idea de las sumas y restas que los analistas hacen por cuenta de un evento catastrófico que nadie esperaba semanas atrás.

Mientras se activan nuevas alarmas y la prioridad sigue siendo poner el mayor número de gente posible a buen recaudo, pocos piensan en el proceso de reconstrucción que empezará una vez retorne el clima seco. Los optimistas señalan que los fondos que llegarán eventualmente impulsarán la economía local, con lo cual todo volverá a ser como era.

Sin embargo, la verdadera lección es que la vulnerabilidad ante la furia de la naturaleza es elevada, incluso en las sociedades más ricas que tienen cómo mitigar algunos peligros. Eliminarlos es imposible, pero ello no es excusa para desconocerlos y aprender lecciones que en el futuro pueden llegar a salvar vidas y evitar pérdidas cuantiosas.

El mensaje debería resonar en Colombia, en donde poco se aplica aquel refrán según el cual ‘prevenir es mejor que lamentar’. La más reciente ola invernal volvió a dejar su elevada cuota de damnificados, en lo que parece ser la repetición de una película ya vista.

Lamentablemente, cualquier estudioso del tema señalará que el final del filme apunta a ser cada vez peor. Los escenarios desarrollados muestran que el país se encuentra en una localización difícil en la que serán más constantes los fenómenos extremos de sequías y lluvias intensas, para no hablar de lo que puede ocurrirles a las poblaciones costeras ante los mares de leva y el aumento en el nivel del océano. Por ese motivo, los duros momentos de Houston no pueden ser un motivo de conversación, sino de acciones concretas, pues los riesgos vienen al alza.

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