Ricardo Ávila
Editorial

Otra burbuja que asusta

El aumento en el precio de las acciones en Wall Street entusiasma a la mayoría y es fuente de inquietud para otros.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
agosto 08 de 2017
2017-08-08 10:24 p.m.
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Una máxima que nunca deben olvidar los inversionistas que incluyen la cautela en sus cuentas viene de la sabiduría popular: lo que sube como palma, cae como coco. Advertencias similares han comenzado a sonar con más fuerza por estos días, a raíz de las alzas experimentadas por la bolsa de Nueva York, cuyo índice Dow Jones superó la barrera simbólica de los 22.000 puntos a comienzos de agosto.

Si bien el mercado de Wall Street experimentó ayer una ligera corrección después de nueve jornadas consecutivas de máximos históricos, por cuenta de las amenazas de “fuego y furia” proferidas por la Casa Blanca en contra de Corea del Norte, los más entusiastas hablan de nuevos récord. Según la visión optimista, las cifras empresariales se comportan bien, comandadas por las compañías de la nueva economía. Nombres tan conocidos como Apple, Amazon, Alphabet (Google), Facebook o Microsoft parecen justificar con sus resultados la euforia de los meses recientes.

Los incrementos de precio en las acciones que se tranzan en la plaza neoyorquina le han servido a Donald Trump para hablar de los éxitos de su administración. Desde que el magnate republicano triunfó en las elecciones de noviembre, el incremento del Dow Jones asciende a 16 por ciento, lo cual se traduce en millonarias ganancias para quien supo comprar a tiempo.

Los trinos presidenciales, sin embargo, no reconocen que las bases del entusiasmo original quedaron desvirtuadas. En un comienzo, los inversionistas le apostaron a los planes del Gobierno entrante que abarcaban millonarias inversiones en infraestructura y una rebaja en los impuestos corporativos, propuestas que siguen en veremos. A pesar de ello, el clima económico general es positivo, lo cual se nota en los balances.

Aun así, un grupo creciente de especialistas señala que hay una burbuja especulativa. Para citar un caso, la relación entre precios de las acciones y utilidades empresariales ahora es 23 veces, un nivel superior al de octubre de 1987 cuando las cotizaciones se derrumbaron más de 22 por ciento en una sola sesión. Otras mediciones muestran síntomas parecidos a los detectados antes de la debacle de 1929 o el desplome de las compañías ‘punto com’ a comienzos de este siglo.

Saber si una corrección es inminente es imposible. A pesar de que nadie tiene una bola de cristal, más de uno ha notado que en lo que atañe al mercado cambiario el dólar viene perdiendo terreno frente al euro, lo cual sugiere que hay más confianza sobre la solidez de la reactivación al otro lado del Atlántico. Los últimos movimientos políticos suponen que la Unión Europea se mantiene vigorosa a pesar de la próxima salida de Gran Bretaña del bloque, pues la amenaza populista está controlada.

Parte de las inquietudes con respecto a las bolsas estadounidenses surgen de Trump, cuyo carácter impulsivo puede llevarlo a la toma de decisiones intempestivas. Una actitud hostil hacia China –a través de presiones comerciales o financieras–, con el fin de que presione al régimen de Pyongyang, impactaría negativamente a la economía global, para no hablar del escenario de un ataque militar que equivaldría a abrir una verdadera caja de Pandora.

De otra parte, está la posibilidad de que varias de las naves insignia del sector de la tecnología encuentren tropiezos a la vuelta de unos meses. Un giro repentino en el viento ocasionaría una estampida de vendedores, pues en estos casos nadie quiere ser el último en abandonar el barco.

Sea como sea, Colombia no puede ser ajena a ningún escenario. Más allá de que el mercado local tenga otras dinámicas, hay vasos comunicantes entre las grandes plazas financieras y los mercados emergentes. Extremar las precauciones es de rigor tanto para quien haya apostado directamente como para quien mira los toros desde la barrera, pues unos y otros sentirán los altibajos tarde o temprano.

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