Ricardo Ávila
Editorial

Pedalear por el cambio

El debate sobre la manera en que se manejan los temas del ciclismo en el país no solo es bienvenido sino necesario.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
abril 25 de 2017
2017-04-25 08:15 p.m.
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Quizás el hecho forma parte de la dinámica de los nuevos tiempos, en los cuales parece más fácil enfrentarse que estar del mismo lado. Aun así, tanto los aficionados al ciclismo, como el público en general, no dejaron de lamentar la controversia pública que puso en una esquina a Nairo Quintana y en la otra a Mariana Pajón. A fin de cuentas, el que es quizá el atleta más importante en la historia de Colombia y la doble medallista de oro olímpica y campeona mundial, deberían tener propósitos comunes dentro y fuera de los escenarios.

Pero no es así. Como es bien sabido, la bicicrossista paisa criticó las declaraciones dadas el viernes pasado por el escalador boyacense, con respecto al manejo de la Federación de Ciclismo. Con el consejo de “que se ponga a pedalear, porque cuando un deportista se mete a la política, las cosas no van bien”, Pajón dejó en clara su postura, así sus palabras se hayan filtrado y no tuvieran el propósito de llegar a los medios.

Al respecto, vale la pena comenzar señalando que el derecho de opinar es legítimo y que así algunos discrepen de lo que dice Quintana, este debe tener la libertad de hablar sobre lo que desee y más con respecto a la disciplina que practica. Son conocidas las críticas del campeón de la Vuelta a España con respecto al manejo que se le da al tema por parte de la dirigencia actual y sus intentos infructuosos de conseguir una renovación en el gremio.

No obstante, el debate no debería centrarse en el mensajero, sino en el mensaje. En pocas palabras, este es que las políticas en marcha no son las adecuadas a la hora de estimular una actividad que, aparte de las satisfacciones que reciben los aficionados, mueve sumas muy importantes en patrocinios y publicidad, además de los negocios propios de la venta y mantenimiento de bicicletas y accesorios. Más inquietante todavía es la percepción de que falta transparencia en el manejo de los asuntos de la Federación, en la cual los intereses individuales se sobreponen a los de contar con instituciones limpias que funcionen bien.

Que hay más de un gato encerrado en cómo opera el ciclismo en el país es una especie de secreto a voces. Justo cuando en el mundo se siguen intensificando los controles para evitar el dopaje, o el uso de ayudas como los motores eléctricos, aquí las normas se aplican poco. No deja de ser una curiosa coincidencia que más de un pedalista cuestionado corra en el territorio nacional y que las sanciones brillen por su ausencia.

Tampoco pasa inadvertido que una verdadera potencia global esté ausente del calendario de las pruebas importantes o que la Vuelta a Colombia sea un evento menor que prefiere ser evitado por las estrellas nacidas aquí y que corren en el extranjero. La que debería ser una vitrina para mostrar nuestra diversidad geográfica y cultural es apenas un compromiso que nada deja y poco aporta a la formación de las nuevas generaciones.

En contraposición, alguien podría decir que el éxito internacional de los ciclistas colombianos ratifica que las cosas se están haciendo bien. No obstante, el argumento es falaz, pues una cosa es el talento individual y el hecho de que exista una rica cantera, y otra la presencia de un semillero construido de forma adecuada y que permita identificar de manera ordenada a los mejores. Para citar un caso, el primer obstáculo que debe sortear alguien con condiciones naturales es el del dinero, pues hay que pagar para integrar una escuadra, cuando lo lógico es que fuera al revés.

Todo lo anterior pasa bajo la mirada de Coldeportes, una entidad víctima de lacras como la politiquería y el tráfico de influencias. Sin desconocer que ciertas estrategias adoptadas han dado frutos, como lo prueba lo conseguido en los Juegos Olímpicos, el camino por recorrer es amplio y la indiferencia grande. Por tal razón, hay que seguir pedaleando para que las cosas cambien, y si Quintana habla, bienvenido sea.

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