Ricardo Ávila
Editorial

Peñalosa, al ataque

El presupuesto de obras de la administración distrital es de 64 billones de pesos, un valor que no tiene precedentes y le cambiaría la cara a la urbe.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
noviembre 28 de 2017
2017-11-28 08:35 p.m.
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La suma es tan grande que la primera reacción de quien la escucha es pedir que se le repitan para comprobar que escuchó bien. Pero una vez ratificada sigue el momento de levantar las cejas, pues el programa de obras planteadas en Bogotá, en los próximos años, asciende a 64 billones de pesos.

Semejante guarismo no solo no tiene antecedentes, sino que se acerca al valor de las concesiones viales de cuarta generación. La diferencia es que en lugar de repartirse a lo largo y ancho del territorio nacional, las inversiones estarán concentradas en el Distrito Capital, algo que debería impulsar con fuerza la economía local y el empleo en la urbe.

El portafolio en cuestión comienza con los proyectos de movilidad que hacen parte del debate público, como la primera línea del metro o las cinco nuevas troncales de Transmilenio. Incluye, además, intervenciones como la Calle 13 y las Avenidas Longitudinal de Occidente y Tintal, junto con la ampliación de la Autopista Norte, entre otras.

Además, las obras comprenden la construcción de 30 colegios nuevos, la restitución de otros 32, aparte de 13 jardines infantiles, seis hospitales, un centenar de canchas de césped sintético y cinco grandes centros culturales y deportivos. A la lista se suma un sendero de 70 kilómetros por los cerros orientales, los parques lineales del río Fucha y Tunjuelo, 76 kilómetros de ciclorrutas y un centro para industrias creativas, donde se ubicaba el infierno de la calle del ‘Bronx’.

Que el alcalde Enrique Peñalosa ofrezca una cascada de iniciativas en movilidad, salud, educación, espacio público e infancia no debería sorprender a nadie. Tampoco que enmarque sus planes en un discurso que conecta la equidad de los habitantes de la ciudad con intervenciones físicas de fondo. A pesar de su impopularidad y del proceso revocatorio en marcha, es evidente que el burgomaestre aplica esa máxima del fútbol según la cual “la mejor defensa es el ataque”, lo cual, en su caso, se traduce en no cruzarse de brazos.

Aunque es fácil mirar con incredulidad las presentaciones que estuvieron entre las más comentadas del pasado Congreso de Infraestructura, un análisis desapasionado muestra que aquí hay mucho más que ideas en un papel. En buena parte de los casos, se ha avanzado en el diseño e incluso hay trabajos que ya comenzaron. Tal como van las cosas, en cuestión de meses las quejas de los capitalinos tendrán que ver con los múltiples frentes de obra en marcha que ocasionarán incomodidades.

No obstante, las mejoras en crecimiento y competitividad bien valen la pena. Fuera de mitigar el impacto de una tasa de desocupación que ya está en dos dígitos, se trata de romper cuellos de botella que se traducen en costos más elevados para cualquier actividad.

La apuesta tendrá múltiples fuentes. La Nación aportará una parte importante, al tiempo que la administración local quiere salir de la Empresa de Telecomunicaciones y de parte de la Empresa de Energía, además de utilizar un nuevo cupo de endeudamiento. Las alianzas público privadas también son importantes, por lo cual es clave interesar a los grandes consorcios del ramo.

En medio de ese tránsito, lo que menos se necesita es que se le meta política al asunto, algo difícil en la presente coyuntura. Ojalá gremios, empresarios y la ciudadanía en general se hagan sentir para que la administración capitalina pueda cumplir con los exigentes cronogramas establecidos.

Y es que el reloj no es un desafío menor. A Peñalosa le quedan poco más de dos años, por lo cual no alcanzará a ver terminados la mayoría de los emprendimientos. Por ello, está obligado a dejar todo en marcha para que no surjan obstáculos más adelante o intentos de descarrilamiento. Solo así será posible que la ciudad deje de debatir y empiece a construir.

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