Ricardo Ávila
Editorial

Pérdidas allá y acá

El paro que afecta las actividades en Buenaventura amenaza con una prolongación que sería inconveniente para todos.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
junio 01 de 2017
2017-06-01 09:30 p.m.
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Han pasado más de dos semanas desde que comenzó el paro cívico en Buenaventura y todavía la solución no parece estar cerca. Quienes saben del asunto sostienen que las negociaciones se han hecho más difíciles por la entrada de la política en escena. Tanto el Proceso de Comunidades Negras, un movimiento de izquierda, como el Polo Democrático con el senador vallecaucano Alexander López a la cabeza, metieron la mano en un movimiento que muestra señales de haberse radicalizado.

Debido a esa circunstancia, la protesta, que tuvo como génesis las razonables posturas de monseñor Héctor Epalza y más de 90 asociaciones de ciudadanos, tomó un curso distinto. La cercanía de la temporada electoral hace más complicada la marcha de las conversaciones, con lo cual nadie se atreve a asegurar que un entendimiento es inminente.

Un escenario prolongado de bloqueos y movilizaciones preocupa, con razón, al sector productivo nacional, que resiste a la desaceleración. El cierre virtual del principal puerto del país se expresa en un par de cifras: de una operación en la que se movían 2.100 tractomulas al día, ahora solo se registra el tránsito de menos de 100 camiones, por cuenta de las caravanas al amparo de la Fuerza Pública.

Con el correr de los días, aumentan los reportes sobre las dificultades que enfrentan sectores como el manufacturero o el agroindustrial para abastecerse de insumos y repuestos. No son menores tampoco las preocupaciones de los exportadores, algunos de los cuales se exponen a la posibilidad de incumplir con los despachos programados, algo que puede traducirse en la pérdida de clientes y mercados.

Por tal razón, es indispensable insistir en la necesidad de que las partes que conversan puedan llegar a un entendimiento más temprano que tarde. Si la situación sigue así, nadie saldrá ganador, con excepción de aquellos que buscan pescar en el río revuelto del descontento.

Dicha petición no desconoce la validez de los planteamientos que dieron inicio a la parálisis. A pesar de las promesas oficiales en el sentido de concretar acciones que mejoren desde la seguridad hasta la educación, las realizaciones son todavía pocas.

La percepción generalizada es que los compromisos de hace un tiempo sirvieron solo para darle contentillo a unos cuantos, con lo cual la confianza en el Gobierno Central se vino abajo. Por esta razón, la gran mayoría de la población comparte el lema de “el pueblo se respeta, carajo”, que se escucha en las arengas y se lee en los carteles de incontables marchas.

Sobre el papel, hay peticiones lógicas. Contar con un servicio de acueducto decente y un hospital de primer nivel es algo que tiene que ver con la dignidad de 450.000 colombianos que habitan en el municipio sobre el Pacífico. Más complejo es crear oportunidades de empleo para bajar los índices de desocupación y la pobreza que golpea a cuatro de cada cinco hogares, pero esa tarea debe hacerse.

Uno de los retos es involucrar al sector privado en las soluciones. Si algo queda demostrado en esta crisis es que las millonarias inversiones hechas en cuatro terminales portuarias de clase mundial sirven de poco, cuando hay un cinturón de miseria que las rodea. Mirar fuera de los muros que protegen bodegas y grúas es obligatorio a partir de ahora.

No obstante, ese propósito requiere liderazgo y entendimiento por parte de los diferentes actores. Los 400 millones de dólares del plan Pazcífico son una oportunidad para cerrar una brecha social de décadas, pero exigen una buena gerencia que aleje los fantasmas de la corrupción y la politiquería.

Hacer las cosas bien en Buenaventura y mejorar la calidad de vida de sus pobladores, implica responsabilidades compartidas. Para ello es clave que el cese de actividades termine y los antagonistas de los últimos días antepongan los intereses de la comunidad a los suyos. Solo así se podrá asegurar que este paro acabó siendo el último.

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