Ricardo Ávila Temporada de paros 10 de mayo de 2017 | Editorial | Opinión | Portafolio
Ricardo Ávila
Editorial

Temporada de paros

Las movilizaciones convocadas para estos días pueden conducir a un deterioro del clima social existente
en el país.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
mayo 09 de 2017
2017-05-09 08:27 p.m.
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Tras varios meses de relativa calma, todo apunta a que los días que vienen serán agitados en Colombia, al menos en el plano social. La programación de una serie de manifestaciones no solo alterará el ritmo de las actividades cotidianas, sino que le exigirá al Gobierno atender las quejas de diferentes sectores, cuyas reivindicaciones están sobre la mesa desde hace meses.

En la lista se encuentran los taxistas, comprometidos hoy con un cese indefinido de actividades, que exigen la proscripción de aplicaciones como Uber. También están los maestros, que planean llevar a las calles sus demandas salariales, después de que las conversaciones con el Ministerio del ramo hayan llegado –según su versión– a un punto muerto. El Inpec, a su vez, mantiene una especie de operación reglamento que se ubica en una zona gris, pero que impide el traslado de presos.

Por otra parte, están las exigencias de orden regional. De un lado, se encuentra la convocatoria de un paro cívico en el Chocó, que pide el cumplimiento de una decena de puntos acordados en agosto pasado y cuyo avance es lento. Tampoco se puede pasar por alto la jornada del 16 de mayo en Buenaventura, en donde también hay impaciencia ante una serie de compromisos que no se concretan.

Meter a todas las protestas en una misma bolsa sería un error. Más allá de la coincidencia en el calendario, las movilizaciones tienen génesis distintas y exigen tratamientos particulares por parte de un Ejecutivo que necesita reaccionar a tiempo, con el fin de evitar que el tamaño de los líos aumente.

Sin duda, el objetivo más complejo de lograr es desactivar por inconformismos que no son nuevos y ante los cuales más de un dirigente tratará de pescar en río revuelto. La próxima llegada de la temporada electoral hace particularmente tentador que los partidos y candidatos en contienda traten de aprovechar el descontento con el propósito de obtener réditos en las urnas.

A sabiendas de esa circunstancia, el Ejecutivo debe mantener abiertas las puertas del diálogo, al tiempo que habla con una sola voz. Garantizar mensajes consistentes es una labor que le corresponde a la Casa de Nariño, así los encargados de sentarse a la mesa sean los ministerios u otras fichas.

No obstante, a veces persiste la impresión de que los funcionarios optan por un doble discurso que ocasiona, ante todo, desconfianza. Para citar un ejemplo, ayer el Ministerio de Transporte penalizó a Cabify con 516 millones de pesos, mientras la cartera de las TIC declaró que no pensaba suspender las ‘app’ objeto de la polémica. Mantener el statu quo, lleno de zonas grises, es inconveniente y promueve soluciones de hecho como las censurables acciones de algunos taxistas en contra de quienes califican de competidores ilegales.

El caso de Fecode tampoco es nuevo y exige que el Ministerio de Educación no se salga de la línea trazada hace varios años. El esfuerzo de mejorar la remuneración de los maestros necesita estar acompañado de métodos de evaluación que garanticen mayor calidad de la enseñanza. Hay mejoras alentadoras, pero estas no pueden fracasar ante las reivindicaciones sindicales.

De otro lado, la deuda de Colombia con la zona del Pacífico es incuestionable. Aunque siempre es fácil escudarse en la debilidad de las instituciones regionales, es incomprensible que Chocó no cuente al menos con una carretera decente, o que en Buenaventura las organizaciones criminales intimiden a la población, mientras las condiciones de vida se deterioran.

En su defensa, el Gobierno afirma que hay soluciones que vienen en camino. El problema es que estas demoran más de lo previsto, mientras el espacio para la paciencia es inexistente. Debido a ello, si la administración quiere evitar que las movilizaciones populares sigan y se multipliquen, está obligada a hablar con resultados. Porque la mejor forma de impedir las llamas, es evitar que el fuego se encienda.

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