Ricardo Ávila
Editorial

Un ‘empujoncito’ clave

Las enseñanzas del ganador del Premio Nobel de Economía le pueden servir a Colombia, en donde hay un caso claro
de pesimismo desbordado.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
octubre 09 de 2017
2017-10-09 08:13 p.m.
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Cuenta en uno de sus escritos Richard Thaler –quien ayer fue distinguido con el Premio Nobel de Economía– que siendo un joven profesor decidió aplicarles un examen difícil a sus alumnos, con el fin de diferenciar la calidad de sus estudiantes. A pesar de que el maestro había explicado que la calificación numérica no tendría incidencia sobre la nota definitiva porque emplearía la conocida ‘curva’, casi se enfrenta a un motín.

El problema es que el puntaje promedio fue de apenas 72 puntos sobre 100 posibles, con lo cual las muestras de descontento abundaron, pues no importó que, gracias al arrastre, casi nadie se rajó. A partir de ese momento, el académico –vinculado actualmente a la Universidad de Chicago– decidió subir el puntaje máximo hasta 137, con lo cual si alguien respondía correctamente el 70 por ciento de las preguntas, igual iba a sacar un 96. A partir de ese momento, las quejas terminaron.

La anécdota sirve para ilustrar en qué consisten los aportes de alguien cuya principal contribución a las ciencias económicas ha sido la de agregarles una buena dosis de sentido común. El pensamiento tradicional de la disciplina es que la racionalidad está presente en las decisiones que toman las personas, las cuales siempre escogen la mejor opción que tienen, con la información disponible.

Las cosas, en la realidad, son bien distintas, porque los individuos no actúan necesariamente como máquinas desprovistas de emociones, sino que utilizan planos mucho más complejos al momento de tomar una senda o preferir una opción sobre las demás. Aunque incluir esos factores en cualquier análisis suena lógico ahora, no fue sino hasta hace poco que usar la sicología se volvió aceptable entre los economistas.

Por cuenta de observar a sus semejantes, Thaler identificó actitudes que permiten entender mejor las decisiones financieras que toma el ciudadano común. Por ejemplo, lo usual es que la gente tenga contabilidades mentales distintas, dependiendo del destino que le quiere dar a su dinero. De ahí que alguien que guarde una porción de su sueldo no pague el saldo total de su tarjeta de crédito, a pesar de que esa deuda es mucho más costosa que el rendimiento esperado de una cuenta de ahorros.

Tales hallazgos tienen aplicaciones prácticas que pueden ayudar a construir mejores sociedades. Por cuenta de estímulos positivos es factible influir para que ciertas actitudes colectivas permitan que la vida en común sea más agradable, algo que va desde el tráfico en las ciudades hasta el manejo de las basuras. A título individual, también se puede conseguir una mejor planeación de las necesidades futuras o hábitos más saludables en lo relacionado con comida y ejercicio.

El conjunto de estudios que analizan comportamientos y resultados forman parte de lo que en inglés se conoce como Nudge Theory. Puesto en palabras simples, se trata de darle a la gente un ‘empujoncito’ para que haga lo correcto en lo que atañe a su bienestar o el de la comunidad. Ello explica por qué gobiernos como el de David Cameron, en Gran Bretaña, o el de Barack Obama pusieron en práctica estrategias con resultados positivos.

Aunque la psicología también se puede usar para propósitos perversos tanto en la política como en los negocios, Thaler defiende su uso cuando se utiliza de manera transparente. A fin de cuentas, los estímulos tienden a ser más efectivos que las prohibiciones, así busquen el mismo resultado. En suma, es mejor a las buenas que a las malas.

Todo lo anterior puede ser aplicado en Colombia, que es víctima de una epidemia de pesimismo desbordado. Aunque no hay duda de la desaceleración, debido a situaciones exógenas como la caída en los precios del petróleo, existen elementos subjetivos que afectan el consumo y la inversión. No estaría de más que las enseñanzas de la economía del comportamiento sirvan, a ver si alguien logra que los colombianos cambien de actitud ante el presente y el futuro.

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