Ricardo Ávila
Editorial

Un flujo que no se detiene

El nivel récord de las remesas enviadas por quienes viven fuera del país confirma que la salida de los colombianos hacia otros lados, sigue.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
febrero 07 de 2018
2018-02-07 09:00 p.m.
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Que hay cientos de miles de colombianos que viven en el exterior y que estos les envían dinero regularmente a las familias que dejaron atrás, es algo ampliamente conocido. También se sabe del importante efecto que el rubro tiene sobre la macroeconomía. Considerado de manera individual, el capítulo de remesas es el tercero en importancia a la hora de generar divisas para el país, después de las exportaciones de carbón y petróleo.

Pero, incluso, con esa certeza, resulta sorpresiva la dinámica reciente de los giros venidos de afuera. Según lo informó el Banco de la República en los últimos días, el dinero recibido el año pasado por este concepto ascendió a 5.585 millones de dólares, 15 por ciento más que en el 2016, un nuevo máximo histórico.

Esa dinámica, además, fue la mayor de la región, de acuerdo con el Diálogo Interamericano, un tanque de pensamiento con sede en Washington que le sigue la pista al asunto. La entidad señaló, a finales de enero, que en el 2017 las transferencias de los migrantes alcanzaron 75.052 millones de dólares en América Latina y el Caribe, 8,5 por ciento más que en el periodo precedente. México ocupa el primer lugar, de lejos, en cifras ingresadas, pero se trata de una economía de importante tamaño.

El arribo de esos fondos es clave para algunas naciones del área. En el caso de Haití, las remesas equivalen al 23 por ciento del Producto Interno Bruto, mientras que en El Salvador y Honduras esa proporción llega a 17 y en Jamaica al 16 por ciento. Colombia está mucho más atrás en la lista con una participación inferior al 2 por ciento, cercana a la de Ecuador, Paraguay, Costa Rica o Perú.

Lo anterior no demerita en absoluto la importancia que la suma mencionada tiene para incontables hogares en el territorio nacional. Numerosos trabajos académicos muestran cómo unos cuantos dólares al mes se traducen en mayor acceso a educación, vivienda o electrodomésticos en varios departamentos, como los del Eje Cafetero. En el agregado se trata de unos 16 billones de pesos, claves para impulsar la demanda en una economía que viene andando a ritmo lento.

Si esa ayuda va a ser todavía mayor en los años por venir, es una pregunta que aún no tiene respuesta. De hecho, los analistas siguen tratando de entender cuál es el motivo de que las transferencias recibidas por Colombia hayan crecido más que en otros sitios, particularmente en el segundo semestre del 2017.

A primera vista, la explicación tendría que ver con la buena salud de aquellas naciones a las cuales se han ido los colombianos. En Estados Unidos, para citar el principal origen de las remesas, el desempleo apenas supera el 4 por ciento, mientras que la administración Trump ha sacado pecho porque la desocupación de las personas de origen hispano está en un punto históricamente bajo. En Europa, si bien estos índices son mucho más elevados, también soplan vientos favorables en materia económica.

No obstante, la causa parece estar en otros lugares. Un caso notorio es el de Chile, que hasta hace pocos años no figuraba entre los destinos preferidos de los compatriotas que decidieron probar suerte en distintas latitudes. Ahora, el país austral pesa cada vez más en las estadísticas: en el 2016, los giros provenientes de allí sumaron 223 millones de dólares, mientras que en los primeros nueve meses del año pasado llegaron a 212 millones.

Tales comportamientos comprueban dos cosas: la primera es que las corrientes migratorias son dinámicas, y la segunda que los colombianos no han dejado de salir de su tierra. Mientras a nivel interno crece el debate por el tamaño de la diáspora venezolana, lo que salta a la vista es que aquí la falta de oportunidades o el anhelo de un mejor porvenir, lleva a miles a cruzar fronteras. Y que ese flujo no se detiene.

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