Ricardo Ávila
Editorial

Una bonanza se asoma

El país podría posicionarse como el mayor proveedor de derivados de marihuana con fines médicos en el mundo, tras el cupo que le fue otorgado por un órgano adscrito a la ONU.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
enero 11 de 2018
2018-01-11 07:15 p.m.
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A comienzos del año, Colombia recibió una noticia de esas que solo se entenderá con el paso del tiempo. Y es que el 2 de enero, la Junta Internacional para la Fiscalización de Estupefacientes (Jife), un organismo adscrito a las Naciones Unidas con sede en Viena, determinó que el país tendrá el cupo más alto del mundo para la producción legal de derivados de la marihuana con fines medicinales y científicos.

En números concretos, el país podría manufacturar hasta 40,5 toneladas de flores de cannabis, lo que representa el 44 por ciento del total global. Los demás en la lista son Estados Unidos, con una tercera parte, Israel, con una décima y, mucho más abajo, Australia, Alemania o Italia.

Lo anterior puede no decirle mucho al público en general, pero quien mire los reportes más recientes podrá entender que el país se está posicionando como el principal proveedor mundial de un mercado que ya tiene un tamaño considerable y cuyo crecimiento sería muy rápido. Y no se trata de cifras menores, sino de montos importantes que podrían dar pie a una verdadera bonanza, muy distinta a la de finales de los años setenta del siglo pasado cuando el cultivo de ‘marimba’, en la Sierra Nevada de Santa Marta, dio origen a uno de los periodos más oscuros de nuestra historia.

Cada vez más naciones y territorios permiten el uso del cannabis con propósitos medicinales. La evidencia muestra que algunos de los componentes extraídos de la planta –como es el caso del aceite que se saca de la flor– son fundamentales en el tratamiento de enfermedades y dolencias como mielomas, fibromialgias, soriasis, epilepsia o migrañas.

En el hemisferio americano la lista de países que aceptan los derivados de la marihuana incluye a Argentina, Chile, México y Canadá, además de 28 estados en Estados Unidos. También en Europa el grupo es grande y va desde la Península Ibérica hasta Escandinavia, pasando por Gran Bretaña. Falta avanzar en Asia o África, pero la tendencia es clara y no suena descabellado pensar que a la vuelta de unos pocos años se concedan las autorizaciones del caso.

Aunque dadas las incertidumbres, vale la pena tomar las proyecciones con un grano de sal, las cifras son llamativas. Un informe de Brightfield Group afirma que el tamaño del negocio mundial fue de 7.700 millones de dólares en el 2017, y que ascendería a 31.400 millones para el 2021. ReportLinker dice que tan solo el mercado estadounidense llegaría a 19.500 millones de dólares en el 2024.

Semejantes perspectivas han despertado el interés de inversionistas en diversas latitudes. Casi a diario aparecen informaciones que hablan de planes para atender la creciente demanda en áreas en las cuales hay cultivos de marihuana, comenzado por la propia Norteamérica.

Sin embargo, Colombia cuenta con una ventaja comparativa inigualable, que es la de su localización geográfica. Los mismos factores de luz y clima que le permitieron tener éxito en flores de cultivo, son los que explican el interés de cerca de una veintena de compañías de instalarse aquí, aprovechando un marco regulatorio claro.

Si bien un buen número de esas empresas cuentan ya con los permisos necesarios para comenzar el proceso, falta aún la caracterización de las plantas que se van a utilizar ante el ICA. Debido a ello, solo hasta finales de este año –en el mejor de los casos– podrían hacerse las primeras exportaciones de cannabis.

Saber cuánto le van a significar esas ventas al país es imposible, pero los cálculos muestran que este podría ser uno de los cinco principales renglones en generación de divisas antes de que termine la década. Los beneficios potenciales comprenden el cultivo de centenares de hectáreas, la instalación de plantas de extracción y la generación de miles de empleos. Todo por cuenta de una bonanza que empieza a asomarse.

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